Cofradías Devoción jerezana que nunca cesa

  • Jornada del primer viernes del mes de marzo en el que una gran cantidad de devotos acudieron a besar las plantas del Señor Caído, el Cristo de la Esperanza y el Cautivo

Un año más, Jerez volvió a cumplir con una de las jornadas más fervorosas. Se contempla en el calendario y siempre está encuadrada en el mes de marzo. Se situá con tinta roja pasión en el casillero que ocupa el primer viernes del mes que presagia los días del gozo. Y todo este misterio de acción de gracias, de ese milagro obrado en la casa, está enmarcado entre los viejos muros del barrio histórico de San Mateo. O de San Lucas. Que son dos collaciones que se dan la mano unidas por una calle que llega a ser quintaesencia cuando la Virgen del Desconsuelo vuelve a su templo en la madrugada del Martes Santo. El santuario diocesano se encontraba tapado como un enfermo con fiebre por los andamios que rodean su hechura. Pero dentro, en la iglesia de San Lucas, bullía el fervor de todo un mar de fieles que cumplen, fielmente, con la tradición ya casi heredada de padres a hijos. Nuestro Padre Jesús de la Salud en sus Tres Caídas ofrecía sus benditos pies a todo el pueblo de Jerez. La hermosa Virgen de los Dolores presidía mientras miraba a su hijo cómo caía en el camino de ese vía crucis que es la vida. Las obras continúan fuera. Pero dentro todo sigue igual. Tanto, que los hermanos más veteranos de la cofradía observaban la gran cola que rodeaba el templo al mediodía de la jornada de ayer.

Un poco más arriba, sólo subiendo la calle de las animas de San Lucas, se llega a San Juan de los Caballeros. La iglesia monumental que acoge a la muy antigua cofradía de la Vera Cruz. Allí, el Santísimo Cristo de la Esperanza esperaba a que muchos fieles se acercaran. Portentoso, erigido en en la cabecera de la iglesia. Una imagen ciertamente serena y enigmática. La hermana mayor de la cofradía, Marisa Palomares, sentenciaba con un “qué más da de quién sea la autoría. Lo que verdaderamente nos pone de acuerdo a todos es que es una imagen de crucificado grandiosa”. Al fondo, la Señora de las Lágrimas estaba bajo un palio que el gran equipo de mayordomía había montado para cubrir la venerable reliquia del Lignum Crucis. La verdadera cruz de Cristo. Y María, primer sagrario del Salvador, magníficamente vestida por José Luis Romeral con un rostrillo que envolvía su belleza. Enhorabuena a los cofrades de la Vera Cruz por tan buen gusto en el montaje.

Frente a San Juan, se encuentra la capilla del Cristo del Amor. Allí estaba otra portentosa y muy devocional imagen. La de Nuestro Padre Jesús Cautivo. En la jornada del pasado jueves el Señor acudía a la basílica de la Merced en un último acto que cerraba el año jubilar mercedario. El Señor Cautivo es una joya que pasea su mirada serena en la tarde del Martes Santo. Sin duda que una de las imágenes que más ha calado en los últimos años en el patrimonio devocional de la ciudad.

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