Bodegas

Vendimia sin cuarentena

  • Barbadillo extrema las medidas de prevención en una campaña sin contagios en el Marco

  • El protocolo se aplica en la bodega y la viña con un alto sentido de la responsabilidad entre trabajadores y jornaleros

Vendimiadores con mascarilla guardan la distancia social en el transporte de la uva.

Vendimiadores con mascarilla guardan la distancia social en el transporte de la uva. / Miguel Ángel González

Es curioso, la Policía Local de Jerez ha denunciado en la última semana a más de un centenar de personas por no llevar mascarilla, ha detectado casi una decena de infracciones de la normativa anti-Covid en establecimientos y ha desmantelado una fiesta con más de 40 jóvenes sin mascarilla y sin guardar la distancia social –igual hasta bailaban la conga cuando fueron sorprendidos–.

En el mismo periodo, con la vendimia a pleno rendimiento, en las viñas del Marco de Jerez no consta ningún incumplimiento, y lo que es más importante aún, con la campaña ya en su recta final tampoco hay ni un solo contagio de Covid –toquemos madera–. Nada que ver con los focos registrados en campañas agrícolas de media España que han sido objeto de debate público en las últimas semanas y tras los que se esconde un problema social de temporeros contratados de forma ilegal que viven en condiciones insalubres.

Sorprende el grado de cumplimiento de las medidas preventivas en la campiña jerezana, más allá incluso de lo estipulado por las autoridades sanitarias, flexibles en el uso de la mascarilla para los jornaleros que trabajan a pleno sol siempre y cuando se respete la distancia convenida.

Sorprende el cumplimiento en el Marco de Jerez más allá incluso de lo estipulado por las autoridades sanitarias

Mercedes, vendimiadora en la Viña Santa Lucía de Barbadillo, se protege del Covid con la mascarilla y del sol con un gorro. Mercedes, vendimiadora en la Viña Santa Lucía de Barbadillo, se protege del Covid con la mascarilla y del sol con un gorro.

Mercedes, vendimiadora en la Viña Santa Lucía de Barbadillo, se protege del Covid con la mascarilla y del sol con un gorro. / Miguel Ángel González

En la Viña Santa Lucía de Barbadillo, en el límite de la frontera del término municipal de Jerez con El Cuervo, los temporeros cortan la uva entre líneos ataviados con sus correspondientes mascarillas pese a la dificultad añadida de la tarea. En las duras condiciones del trabajo en el campo es más importante casi protegerse del sol con un gorro que prevenir el contagio del coronavirus por transmisión aérea cuando la distancia mínima entre los miembros de una cuadrilla supera fácilmente los cuatro cinco metros.

Pero las bodegas y viticultores del Marco se han tomado muy en serio la amenaza del Covid-19 y no quieren sustos. “En prevención, la medida más conservadora es la más efectiva”, asegura José Darío Chaves, técnico superior en Prevención de Riesgos Laborales contratado por Barbadillo para la campaña.

La bodega sanluqueña no ha escatimado esfuerzos a la hora de adoptar las medidas de obligado cumplimiento y las recomendadas para minimizar el riesgo de contagios, también el de accidentes por otras causas, sin que el respeto a las directrices marcadas suponga un trauma para los trabajadores.

Señalítica con las normas básicas de prevención anti-Covid en Gibalbín. Señalítica con las normas básicas de prevención anti-Covid en Gibalbín.

Señalítica con las normas básicas de prevención anti-Covid en Gibalbín. / Miguel Ángel González

Este año el sector se enfrentaba a la “tormenta perfecta”, señala el responsable de la aplicación del protocolo específico anti-Covid, diseñado para convertir la bodega y la viña –al margen de la matriz en Sanlúcar, Barbadillo cuenta con 450 hectáreas de viñedo propio repartidos por Santa Lucía y Gibalbín, donde también se ubica el lagar– en lugares seguros y cuyas medidas se van actualizando en función de la normativa, como ocurrió el pasado día 17 con la entrada en vigor de las restricciones sobre el tabaco al aire libre.

Las medidas son tan excepcionales como sencillas de cumplir –en los cascos urbanos ocurre lo mismo aunque la gente se las salte a la torera–, y los trabajadores tienen a su alcance la información necesaria, que también perciben machaconamente a través de señales colocadas en lugar visible en los centros de trabajo.

Hay señales para recordar el uso obligatorio de la mascarilla y guantes, la importancia de la con instrucciones precisas de cómo lavarse las manos, la necesidad de respetar la distancia social... Básicamente, detalla el técnico externo contratado por la casa, el protocolo establece medidas para prevenir contagios, a las ya mencionadas se suma la toma de temperatura y datos a toda persona que accede a las instalaciones, así como para saber a qué atenerse y facilitar el rastreo en caso de positivo tanto del trabajador como de cualquier otra persona de su núcleo familiar.

Recepción de la uva en el lagar de Barbadillo en Gibalbín con las zonas acotadas en la tolva para prevenir accidentes. Recepción de la uva en el lagar de Barbadillo en Gibalbín con las zonas acotadas en la tolva para prevenir accidentes.

Recepción de la uva en el lagar de Barbadillo en Gibalbín con las zonas acotadas en la tolva para prevenir accidentes. / Miguel Ángel González

"En prevención, la medida más conservadora es la más eficaz", asegura el técnico en la materia contratado por Barbadillo para la campaña

El plan de actuación ha sido coordinado con las empresas auxiliares para reducir la exposición de sus trabajadores, por ejemplo los transportistas que llevan la uva al lagar de la bodega, a los que se exige el cumplimiento de las normas básicas y se evitan aglomeraciones y tiempos de espera innecesarios en las entregas, sobre todo de noche, apunta Juan Carlos Barrera, enólogo y responsable de la palomino y varietales en Gibalbín.

Las medidas, encaminadas a evitar la cadena de transmisión, se aplican tanto en la bodega como en el campo, donde se trabaja por turnos y con cuadrillas estables –siempre el mismo turno y con los mismos compañeros– para reducir el riesgo de contagios cruzados.

Chaves y Barrera atestiguan la aceptación y colaboración del personal en el cumplimiento del protocolo, señal, explica el primero, del trabajo previo y la buena disposición de la bodega en temas de prevención, parcela en la que “la perfección no existe y hasta el más mínimo detalle es importante”.

Un vendimiador distribuye la uva palomino en la pasera para su asoleo. Un vendimiador distribuye la uva palomino en la pasera para su asoleo.

Un vendimiador distribuye la uva palomino en la pasera para su asoleo. / Miguel Ángel González

La vendimia más complicada

Mascarillas y chalecos en el lagar; gorros y mascarillas en la viña. La empresa provee a los trabajadores y jornaleros del material de protección necesario para cada labor en estos días de vendimia en tiempos del coronavirus, “la más rara de mi vida y no ya por las medidas del Covid, sino por su impredecible evolución, con cambios extremos como el de la caída de la producción final frente al aumento inicialmente previsto”, confiesa la directora técnica de la bodega, Montse Molina.

La también enóloga atribuye el desplome final de la cosecha, aunque menor en Barbadillo que en el conjunto del Marco, a un mes de julio muy caluroso en temperaturas medias, “el más caluroso desde que estoy en la bodega”. El coronavirus, de una parte, y los imprevistos de la campaña, de otra, les han obligado a no bajar la guardia para reaccionar ante cualquier adversidad y salvar airosos la campaña, marcada por una maduración muy irregular en las propias cepas y en todas las varietales, caso de la Merlot, que acumulaba un importante retraso hasta que se precipitó la maduración, por lo que “hemos tenido que estar muy atentos para determinar el momento exacto en el que había que vendimiar”.

“Para lo bueno y para lo malo, estamos en el interior”, significa Molina, que coincide plenamente con Catalina Aveledo, la responsable de viña de Barbadillo, en la escasa incidencia de enfermedades en el viñedo propio de la bodega frente a la situación de los pagos costeros y más frescos, muy castigados por el mildiu, primero, y la botrytis (pudrición) después.

Una vendimiadora arrastra un canasto de uva sin descuidar las medidas de protección. Una vendimiadora arrastra un canasto de uva sin descuidar las medidas de protección.

Una vendimiadora arrastra un canasto de uva sin descuidar las medidas de protección. / Miguel Ángel González

Aveledo supervisa la recolección en Santa Lucía de las últimas partidas de uva palomino, sólo que su destino, previo asoleo, no será la elaboración de los vinos amparados por la Denominación de Origen, sino la del blanco de la Tierra de Cádiz Mirabrás.

La palomino de Mirabrás tiene una vendimia más tardía para lograr un mayor grado, 13 baumé este año, que redondean hasta 15º con el asoleo de la uva en paseras durante tres o cuatro días. La materia prima procede de cepas viejas plantadas en el 72, antes de la última clonación del Rancho de la Merced en aras de la productividad.

La distribución de las cepas llama la atención: formación libre, poda desordenada a moflete y sin espaldera, de ahí su recolección a mano a cargo de una cuadrilla de 20 personas que, como en la bodega, respetan escrupulosamente el protocolo anti-Covid.

Barbadillo recolecta el 10% de su viñedo a mano, unos 300.000 kilos de los tres millones de la cosecha, a los que se unen otros 4 millones de proveedores habituales que convierten a esta bodega en el principal comprador de uva del Marco, además de empresa ejemplar en la protección de sus trabajadores, también en tiempos difíciles.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios