Cofradías

La Piedad ya preside en la Merced su triduo extraordinario

  • La Dolorosa del Calvario llegó hasta la basílica para celebrar los 300 años de su bendición

Trescientos años contemplan la mirada serena de una de las Dolorosas más bellas de la ciudad. Tres siglos que sus hijos han querido celebrar acudiendo a los orígenes del nacimiento de la muy antigua cofradía del Santo Entierro, que allá por el siglo XVI se originaba bajo el amparo de los padres mercedarios y junto a la frondosa sombra de la Madre de todos los jerezanos, Nuestra Señora de la Merced.

Hasta allí llegó el palio de la Señora del Calvario. Esa maravilla decimonónica que diseñaran Ana y Josefa Antúnez –conocidas como las hermanas Antúnez- para la cofradía de la O de la trianera calle Castilla. Un palio que ya de por sí vale un imperio pero que, con la joya que recoge entre sus ricos bordados, se eleva a quintaesencia. Maravillosa estampa la que nos regalaron en el día de ayer los cofrades de la Piedad cuando el paso de palio salía de la capilla del Calvario al abrigo de las copas de los árboles del jardín botánico del Tempul que parecían querer asomarse para ver tamaña estampa de filigranas bordadas sobre el terciopelo negro. La Señora iba preciosa. Un apunte que tampoco es una novedad. Destacar que iba excelentemente vestida por Ángel Sáez que tiene el privilegio de embellecer dos de las imágenes más hermosas de nuestra ciudad: Mayor Dolor y Piedad. Y un precioso exorno compuesto por freesias, siempreviva y claveles blancos clásicos magníficamente colocados por el conocido cofrade Pablo Espejo.

Sin música avanzó la Reina del Calvario por su calle Taxdirt. Giró hacia la calle Armas de Santiago y el Calvario era un gentío de cofrades que quisieron estar presentes. Mucho público, muchos cofrades con paladar para ver a la Piedad. En la fachada principal de Santiago esperaban las cofradías de la parroquia. Sacramental, Buena Muerte y Prendimiento. A las que se unió la hermana del Transporte para acompañar a los cofrades del Santo Entierro hasta la Merced. Una Salve para la Santísima Virgen y su palio que se recortaba como un capricho cargado de majestad en la portada del templo parroquial.

La familia ‘Gorrión’, con Juan Antonio García junto a su primo José María García, lo bordaron una vez más recordándonos los ecos de esos antiguos capataces tan auténticos y tan jerezanos. Y así fue cómo con los mandos justos la Santísima Virgen llegaba a la basílica en lo que ya conforma la culminación de una tripleta mágica que este año se ha podido vivir con motivo de los ochocientos años de Orden de la Merced. Vía Crucis del Consuelo allá por la Cuaresma, llegada de la Virgen del Carmen y, ahora, la entrada delicada y bella de la Virgen de la Piedad.

Y en la Merced se vivirá un sueño que será todo lo fugaz que duran tres días, tres. No más. Un tiempo acotado en un lugar donde la belleza ha dado rienda suelta. A saber:La Madre de todos los jerezanos presidiendo la basílica, la Reina del Transporte que es la guapa del barrio, el Señor del Consuelo mostrándonos las manos más bellamente talladas de un cautivo y, para culminar, Nuestra Señora de la Piedad. Que en la basílica de la Merced ya no cabe más hermosura. Cuéntenlo a todos para que se acerquen. Este sueño tiene sus horas contadas y es breve como la filigrana de un pase cargado de esencias.

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