El dolor de la riada por el paso de Leonardo por Jerez: “Lo he perdido todo. Dicen que mi casa ni se ve”

Testimonios de familias que han tenido que dejar sus casas por la crecida del río: "Esto es una gran catástrofe. He vivido tres riadas en mi vida, pero como la de ahora jamás"

El alcantarillado de Jerez podría "colapsar" este sábado si hay fuertes lluvias, especialmente en la zona sur

María Loures, madre de un niño con autismo, que ha perdido su casa en Las Pachecas. / Samuel Vega

La casa de María Lourdes está bajo el agua. “Dicen que ni se ve”. Ya no le quedan lágrimas. Sólo las deja salir cuando se encierra en el baño y su hijo menor de edad, diagnosticado con autismo, no la ve. Hace más de una semana que ambos viven en el Albergue Inturjoven porque el río se ‘bebió’ su casa en Las Pachecas, aunque ella le dice a su pequeño que está bajo el mar, “como la de Bob Esponja”.

“El año pasado también me entró agua en la casa, pero muy poco, no se estropearon los muebles. Pero este año se lo ha comido todo. Lo he perdido todo, todo. Llevo tres años luchando solita con mi hijo y lo he perdido todo. Todo. Todo. Me ha costado mucho conseguir mis cositas, y lo he perdido todo, prácticamente todo. Todo. Mi casa no se ve. He perdido los papeles del diagnóstico de mi hijo. Todo”, repite una y otra vez María.

“Si no fuera por una muchacha de Cáritas que me trajo dos bolsas de ropa, estaría aún con lo puesto. Llevo por dentro llorando tanto tiempo..., pero no quiero que mi hijo me vea. Yo soy la que le sostiene, ¿pero quién me sostiene a mí? Una mujer bombero me estuvo tranquilizando cuando me fui con lo puesto, porque tenía mucha ansiedad. Mi casa ya no se ve... El agua busca al agua, y subió de una forma extraordinaria. Lo he perdido todo...”, lamenta sin consuelo María.

A una familia de la cañada del Carrillo el agua le sale por el suelo, “porque aquí llega agua de todos lados y como la tierra no puede con más, me sale por las grietas de la casa, por los zocalillos, por el techo...”. Desde el pasado miércoles se encuentran también en el albergue de la zona sur, “y aquí nos tratan bastante bien la verdad”. “Siempre que he podido estos días me he acercado a recoger cosas, la televisión, la Play de mis hijos... Cáritas conmigo es locura, son buenísimas personas. Pero yo no quiero volver allí. No pido una casa gratis, yo pago un alquiler. Pero es que allí no se puede estar ya”, confiesa la mujer, acompañada por su marido, sus hijos y su madre.

Una vecina de la Cañada del Carrillo muestra la zona en la que vive. / SAMUEL VEGA

María Dolores es vecina de Las Pachecas y desde hace días no puede ir a su casa. “Quise entrar por unas inyecciones y el agua tenía tanta fuerza que me echaba para atrás. Tengo todo perdido. No vamos a poder recuperar nada y lo que nos preguntamos ahora es a dónde nos vamos a ir a vivir. Somos tres familias juntas que nos hemos quedado sin nada”, declara María Dolores.

“Tengo 65 años y otro golpe así no lo soporto. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Mi pensión es de algo más de 700 euros, pago 400 de alquiler, tengo que comprar el agua en botella, pago los muertos... Es que todo se ha ido a pique”, subraya la vecina de Las Pachecas. María Dolores recuerda que era de madrugada cuando su hija (que duerme en la habitación de al lado) empezó a llamarla diciendo ‘mamá la policía, la policía’. “Salimos liándonos una bata y nos encontramos en la puerta a Susana, la alcaldesa de allí, y a la Policía porque teníamos que salir ya. Yo había cobrado ese día y yo tengo esa cosita, que me enseñó mi madre, que era coger el dinero, pagar las cosas y con lo que sobre, comprar. Pero mi pareja llegó ese día de una intervención en la boca y no pagué... y me fui con un metro y medio de agua en mi casa... no sé dónde estará el dinero. Lo que me dice la gente que ya ha vivido esto es que hasta dentro de varios meses no quitamos la suciedad de las casas”, relata María Dolores.

María Dolores, vecina de Las Pachecas. / SAMUEL VEGA

Un grupo de maestros de Lomopardo visita a sus alumnos desplazados por la riada en el albergue. “Nuestros niños se sienten bien cuando estamos cerca de ellos. Hemos venido a dar mucho ánimo a las familias, a darles compañía, a traerles juegos, a jugar, que no se sientan solos. Que sepan que los maestros estamos con ellos. Venimos unos cuantos, pero es en representación de todo el centro educativo”, declara María José. Su compañera añade “los niños sienten nuestro apoyo y sienten que se le está dando cobijo”. “Es vital tener un apoyo emocional, y el colegio no sólo está para lo educativo, sino también para el acompañamiento, que ellos sepan que estamos con ellos”, remarca un profesor de Secundaria del centro.

Un grupo de maestros del colegio de Lomopardo. / SAMUEL VEGA

Marta está con sus hijos pequeños en el Hotel Ibis. Viven en Lomopardo, pero el martes por la noche todo cambió. “Fue todo una locura. Cogí lo primero que pude y salimos. A nuestras casas no suele llegar el agua, pero nos podíamos quedar incomunicados y por eso tuvimos que desalojar”, declara. “Es que imagina que seguimos allí y se ponen malos los niños”, añade Inma, hermana de Marta y también madre de dos menores. “Estamos con estrés, sin poder salir de aquí...”, describe. Marta tiene un bebé de cinco meses y una niña de 7 años. Los hijos de Inma tienen 6 y la mayor 10 años. El bebé va de mano en mano, y los más ‘mayores’ juegan entre las mesas. “Los niños lo llevan por momentos. Ellos necesitan estar en sus casas, pero van bien. Saben algo, pero no todo. Nuestras casas están arriba, pero nunca se sabe qué puede pasar. Estamos deseando volver”, declara Inma.

Marta, vecina de Lomopardo, y sus dos pequeños en el Hotel Ibis. / SAMUEL VEGA

Rafael Nieto es el director del Hotel Ibis, complejo que acoge a más de una decena de familias desalojadas de la zona rural. “Nos pusimos a disposición del Ayuntamiento y de los equipos de emergencia porque nuestra prioridad es ayudar. Llevamos unas dos semanas acogiendo a personas vulnerables e intentamos ayudar en todo lo posible, aunque a veces se complica un poco todo. Quiero agradecer a mi equipo su disposición desde el primer momento”, remarca el director. Nieto no sólo está viviendo el temporal en Jerez, sino que sufre a distancia el de Grazalema, localidad en la que viven sus padres, su hermano, primos, tíos... todos desalojados. “Tengo los pies aquí y la cabeza allí. Lo prioritario es dar servicio en el Hotel, pero estamos muy preocupados por mi pueblo. Me transmiten que tanto la coordinación de la Junta de Andalucía como la del Ayuntamiento de Grazalema ha sido perfecta. Han hecho la evacuación en el momento justo. Mi hermano Sergio Nieto, de Casa Martín 1920 que habrá que ayudarlo cuando vuelva, me dice que la forma de actuar fue muy buena. Cuando se hacen las cosas bien es un orgullo”, pone en valor Nieto.

Isabel es vecina de El Portal y el agua ha superado el metro y medio en su casa. “Lo hemos perdido todo. He vivido tres riadas en mi vida, pero como la de ahora nunca, jamás. Esto es gordo, no es que te entre un poco de agua. No. Hay casas en El Portal que el agua llega casi al techo. Media barriada está afectada. Las cosas de mi casa están flotando”, describe Isabel. Madre de una niña de 16 años y de un pequeño de 6, lamenta que también se ha visto afectada su madre, su tía, primos... “Esto no es normal. Mi niño salta en los charcos, pero mi niña es más consciente de que lo hemos perdido todo”. Su familia es una del medio centenar que se encuentra de acogida en la Casa del Santo Ángel de Cáritas en El Portal: “Aquí no nos falta de nada, sentimos esto como una gran familia. Los vecinos se han volcado, han sacado hasta los tractores, pero esto es una gran catástrofe”.

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