“Es muy duro explicarle a un niño que no sabes qué va a pasar con su casa”

Elisabeth es una de las vecinas de La Corta afectada por los desalojos y ayer fue a recoger ropa: “Hemos dejado en alto todo lo que hemos podido en casa”

Alertan de que los núcleos de San Isidro, El Torno, Torrecera y Majarromaque podrían quedar incomunicados en próximas horas

Elisabeth, tras recoger ropa de su vivienda en La Corta de la que fue desalojada hace tres días, muestra la cercanía del río a las viviendas.
Elisabeth, tras recoger ropa de su vivienda en La Corta de la que fue desalojada hace tres días, muestra la cercanía del río a las viviendas. / Miguel Ángel González

“¿Cómo estáis? Madre mía, prima, he visto en la tele que Jerez está inundada”. Este mensaje (o similar) es el que han recibido en las últimas horas muchos jerezanos. La crecida del Guadalete se ha convertido en noticia nacional y no es, desgraciadamente, para menos. Las lluvias que de manera extraordinaria están registrándose en el nacimiento del río en Grazalema, ya han obligado a desalojar esta población y está provocando un efecto dominó a su paso. Y, en Jerez, el Guadalete riega gran parte de la zona rural.

Por ello, el Jerez urbano está a ‘salvo’. Lo está, eso sí, a medias porque alrededor de treinta carreteras de la provincia permanecen afectadas por el temporal y cortadas por hundimientos e inundaciones. Lo que limita bastante la movilidad.

No obstante, son los habitantes del área rural los que están sufriendo los envites de un río que crece a mayor velocidad de lo que se podía esperar. Desalojos y desembalses preventivos están siendo la solución de urgencia pero el río Guadalete continúa ensanchando su cauce sin control. Según la alcaldesa, María José García-Pelayo, la crecida puede llegar a afectar al 69% de la población de Jerez rural o, lo que es lo mismo, a unas 15.000 personas.

Testimonios

“Estamos ahora mismo estamos en modo miedo, incertidumbre, sin saber lo que va a pasar, lo que nos va a pasar a nosotros, a las casas. Es un momento en el que no sabemos el día de mañana lo que va a pasar y es una pesadilla”. Con estas palabras Elisabeth Atalaya resume lo que están viviendo los vecinos desalojados debido a la subida del río. Ella, su marido y sus dos niños pequeños fueron desalojados la pasada semana de su casa en La Corta, a la que volvieron el sábado, hasta que llegó el segundo desalojo que aún no tiene fecha de vuelta: “Llevamos tres días sin estar en casa. Entramos, pero lo mínimo, para coger cosas y escoltados con la Policía por nuestra seguridad”.

Por ahora, solo le queda esperar con paciencia: “Todos los días nos mandan un informe de lo que está pasando, de la subida, pero ahora mismo, estamos desalojados hasta nuevo aviso por ser zona inundable”. De hecho, “como va subiendo cada día un poquito más llegará un punto en el que no vamos a poder entrar de aquí a una semana por lo menos”.

Por eso, antes de marcharse por segunda vez “hemos subido cosas: los sofás, la nevera, lavadora... lo que hemos podido, porque en una cocina no la puedo levantar, pero los electrodomésticos y lo que hemos podido lo hemos puesto en alto y algo de ropa hemos cogido”.

A la espera de que el temporal dé una tregua, la casa de su madre es su refugio ahora. Lleva 33 años viviendo en La Corta, desde que nació, y sabe bien que hasta que el cauce baje, tendrán que permanecer fuera. Lo lleva con bastante calma y con una sonrisa en la cara pero lo complicado es explicárselo a sus hijos de 8 y 4 años. “Es difícil porque ellos se creen que esto es ‘ay mamá, ¿hemos perdido la casa o no la hemos perdido?’. Entonces es, uf...”, Elisabeth no puede aguantar las lágrimas: “Es muy duro explicarle a un niño que no se sabe lo que va a pasar con tu casa, con tus animales... es muy complicado”.

Para sus hijos es la segunda vez que lo viven pero ella vivió su primera riada con tres añitos: “Esto se repitió en el año 96, en el año 2009, y ahora 2025-2026, que son los dos años consecutivos, ¿Qué es lo que está pasando con ese río? ¿Por qué está así? Es que no limpian el río, y como no limpian a profundidades, solamente limpian alrededor y cortan árboles pues el río lo que tiene son pocos metros de altura y mucho barro. Si eso no se limpia, eso va a seguir creciendo y va a pasar esto siempre”.

A pocos metros de su casa está la de su vecina Fátima, que este jueves por la mañana achicaba con el recogedor el agua que ha entrado en su patio. Elisabeth se une para ayudarla: “Aquí somos todos familia”. “Llevo un montón de años viviendo aquí y como esta inundación no la había visto nunca”, asegura Fátima, añadiendo que “esta vez es más peligroso”. Ni siquiera sabe ya cuántos días lleva desalojada, ella, sus hijas y su marido: “He perdido la cuenta de los días que llevo fuera, si te digo la verdad, he perdido la noción del tiempo”.

Fátima, vecina desalojada de La Corta, achica agua ayer en el patio de su vivienda.
Fátima, vecina desalojada de La Corta, achica agua ayer en el patio de su vivienda. / Miguel Ángel González

En otras zonas rurales de Jerez los desalojos no se habían producido aún este jueves por la mañana, pero la Policía Nacional informaba a sus vecinos de que la medida se pondría en marcha de forma inminente. Es lo que ocurrió, por ejemplo, a mediodía en la calle Democracia de la barriada rural El Portal. Agentes del cuerpo informaron puerta a puerta de que aún no hay orden de desalojo pero que era necesario que se fuesen preparando para abandonar sus viviendas en pocas horas, ante la inminente crecida del río. “Yo he visto llegar a muchos policías por ahí y me he dicho ‘malo’, porque me he imaginado a qué venían”, cuenta Jesús con una amplia sonrisa. Él está en casa de sus padres, “porque son mayores ya”, pero tiene claro que no abandonará la vivienda a pesar de que el agua del río Guadalete se irá colando en muchas viviendas.

Agentes de Policía Nacional informan ayer a vecinos de El Portal del próximo desalojo de las viviendas de la zona.
Agentes de Policía Nacional informan ayer a vecinos de El Portal del próximo desalojo de las viviendas de la zona. / Miguel Ángel González

“Yo viví la primera inundación cuando tenía la edad de mi zagal y la de 2010 fue también gorda, pero nosotros nos quedamos aquí”. Jesús lo cuenta con una amplia sonrisa: “Estoy tranquilo, ¿ves estos escalones de ahí detrás? Eso sube para una nave que tenemos aquí dos metros más para arriba, así que no nos vamos”.

“En el año 96 llegó por aquí”, recuerda Jesús señalando una altura de casi un metro en la pared y augurando que “esta vez llegará aquí”, dice poniendo la mano aproximadamente a metro y medio del suelo. “Mientras haya seguro, no hay problema, eso sí, mi madre estará por ahí todo atacada”, cuenta riendo.

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