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Centros educativos de Jerez sin clases este lunes

A la espera de que el Guadalete "tome su cauce"

Una bajada de nivel del río alienta las esperanzas de que la tregua de Marta de este domingo sea el inicio del fin de las inundaciones

El Guadalete comienza a bajar su nivel poco a poco por la zona rural de Jerez

Bajada del cauce del Guadalete este domingo por la zona de Las Pachecas. / Manuel Aranda

La borrasca Marta ha dado una tregua durante gran parte de este domingo, lo que ha permitido que el Guadalete bajara su nivel hasta los 6,43 metros (a las 18 horas). Por el camino Cortijo de Las Pachecas, los vecinos conversan que el río "parece que va tomando su cauce, aunque la tierra ya no puede chupar mucho más. Así que, aquí estamos, aguantando el chaparrón, precisamente".

La familia Barrera lleva toda la vida viviendo en la zona. No han tenido que dejar su casa por la crecida, pero no pierden la memoria de inundaciones pasadas. "En el año 1996, el río saltó la carretera y la gasolinera se quedó bajo el agua. Luego, en 2006 también creció mucho", cuentan. No temían una subida porque están en alto, "y para que llegue aquí se tiene que reventar un pantano. Si pasara eso, se quedarían muchas zonas de Jerez y de la campiña bajo agua". Cuestionan "cómo es posible que se permita construir en zonas inundables".

En el 'Llano' hay una peñita a la que Manuel va casi todos los días. "Y este año, con el cachondeo, días antes de las inundaciones, le dije al dueño: "Este año vas a beber de pie" (sonríe). "De pie, con tus muertos tos", me contestó entre bromas. Y a los dos o tres días, bajo agua todo esto. ¡Y era una broma! Pero... mira".

Y es que una borrasca detrás de otra no hay quien la aguante. "Es lo que le digo a todo el mundo, no es lo que llueva aquí, sino lo que caiga arriba (en la Sierra). Me dicen que Guadalcacín está alto... y no sé si es verdad. Es que el terreno no quiere más agua". Uno de los perritos de la casa, Boby, chico y ladrador, nos despide inquieto. "Este es el que avisa", ríen sus dueños.

Arroyo Salado, a su paso por Estella. / Manuel Aranda

La bajada del cauce ha dejado testigos de la subida de días previos en Las Pachecas. Señales de tráfico que pueden asomar por fin la cabeza, patos que nadan a sus anchas, hierba peinada sobre el barro como una ordenada melena verde. Hay silencio, roto amablemente por las gallinas, gallos y perros que ladran a nuestro paso.

El Arroyo Salado también ha vivido este domingo una fuerte bajada de nivel a su paso por Estella. En la entrada al pueblo, hay movimiento de personas que paran para comprar pan en la panadería Las Cuevas. El chorreíto es constante. Al otro lado de la calle, un hombre vende tagarninas y espárragos en una furgoneta. Es el deseo de la normalidad, que nadie lo puede parar. Camino de San Isidro del Guadalete, menos agua y más calma reinan la campiña.

Uno de los primeros puentes que se cortó cuando comenzó la crecida fue el de la carretera de La Ina. Cubierto de agua hasta este domingo (aún permanece cerrado), el descenso de nivel ha dejado al aire pruebas de la fuerza y velocidad del río que, de hecho, mantiene su vigorosidad. El agua corre rápida, camino de Las Pachecas, con prisas, apresurada, nada es un obstáculo para la naturaleza cuando quiere llegar. Restos de grandes troncos, fango y hierba desperdigados por la vía. Cultivos anegados. Caminos ahogados esperan volver a ser útiles cuando pase todo.

Bajada del puente de la carretera de La Ina, aún con agua. / Manuel Aranda

En La Barca, el río compite consigo mismo en presteza. Vecinos de la localidad y visitantes se asoman a él desde la calle de la Rivera. Muy cerca, algunas entradas de viviendas permanecen parapetadas tras sacos de arena y pequeños tabiques de ladrillos. La bajada del cauce habla también del paso feroz del Guadalete. Una camioneta ha quedado arrumbada a lo lejos, en el agua, como una roca o un árbol más que aguanta los envites del temporal.

Pero la tregua es sólo eso, tregua. Marta seguirá echando el resto hasta su marcha inminente y dar paso a la llegada de un nuevo frente a la Península. Pero ella sigue pertrechada de lluvia, lista para descargar desde la tarde-noche de este domingo y el lunes. No se equivocaba Manuel con eso de beber de pie.

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