Perfil de la alcaldesa de Jerez Mamen a través del espejo

  • Comenzó su mandato sin ganar y con todo en contra, incluso su partido

  • Después de cuatro años en los que le ha tocado sobrevivir, ahora le toca liderar la ciudad

Mamen Sánchez. Mamen Sánchez.

Mamen Sánchez. / Miguel Guillén.

A pocos días del final de la campaña de las elecciones municipales, el periodista Wayne Jamison, esposo de Mamen Sánchez, subió a Facebook una foto en la que se podía ver a su hija, Naiara, mirando fijamente y con gesto serio un cartel electoral de su madre pegado en la pared con el lema del PSOE ‘Siempre hacia delante’. La pequeña, de tan sólo 5 años, representa el paso del tiempo desde entonces en Jerez. Cuando hace cuatro años su madre tomó posesión, contra todo pronóstico, como alcaldesa de Jerez, Naiara estaba en un cochecito y nada de lo que estaba pasando en la ciudad y en su más íntimo círculo familiar podía atraer su atención. Desde entonces, la vida de su madre no ha sido igual.

Mamen Sánchez aterrizó antes de 2015 en Jerez procedente del Congreso, a donde había llegado con el inicio del nuevo milenio, y donde fue alumna política de un Alfredo Pérez Rubalcaba, que le dio consejos hasta su reciente fallecimiento. Se enfrentó a una campaña que a priori le era adversa con una María José García-Pelayo triunfante en las encuestas y con una parte del partido, la que lideraba ya entonces Susana Díaz, dispuesta a hacerle pasar el mal trago de una presumible derrota.

Dejar el cómodo abrigo del Congreso de los Diputados junto a las bancadas azules para aterrizar en un Jerez quemado para el PSOE de Pilar Sánchez no debió ser fácil para ella, pero con la mayor de las sonrisas asumió su nuevo rol e hizo una campaña discreta. Las matemáticas terminaron de hacer el resto para que cuadrasen las cuentas que la pusieron al frente del Ayuntamiento con los votos de todos los partidos del arco de la izquierda pese a ser el PP el partido más votado. Para ello debió enfrentarse no a la opinión pública, a las críticas de los analistas políticos o de los partidos de la oposición, sino a su propio partido, que no la autorizó a dar el paso. Se la jugó y le salió bien ese paso adelante que hoy, cuatro años después, la mantiene en el mismo cargo.

¿Por qué lo hizo? Tal vez porque no tenía nada que perder y muchísimo por ganar como así se ha demostrado. Mamen Sánchez lo tenía todo en contra menos las matemáticas. El resto era cuestión de tiempo. La configuración política de un Jerez sin mayoría del centro derecha siempre le dará el poder y ella lo sabe. Lo sabía. También jugaba a su favor su capacidad de persona fajadora.

A Mamen Sánchez no le han importado desde el primer minuto de su mandato las críticas. Las que menos las que hacen alusión a su personal forma de vestir, a la estética, un factor que considera siempre secundario o incluso terciario. Se hizo famosa en todo el país por sus zapatos y sus pies desde el momento en el que cogió el bastón de mando de la ciudad, una foto que dio la vuelta al mundo –sí, sí, al mundo– pero ella se tomó esa anécdota como lo que era y se rió de sí misma sin miedo a hablar del asunto e incluso comentar que una empresa le había hecho una oferta para poner su nombre a unos zapatos. Fue, aunque parezca una tontería, la mejor manera de decirle a todos en un momento así que para tumbarla o hacerle daño haría falta mucho más que unos zapatos o una vestimenta.

Y gobernó cuatro años. Sin concejales de otros partidos en su equipo de gobierno. Con una concejal menos, pues Isabel Armario pegó el primer día la ‘espantá’ y se fue al gobierno de la Diputación. Y sin el apoyo explícito de su partido en Jerez, que le dio poco tiempo de mandato. Todo en contra, además de un Ayuntamiento en bancarrota (hoy tampoco está para tirar cohetes pero no está peor) y una perspectiva económica en 2015 que no era la de hoy, sino bastante peor. En todo este tiempo ha sabido cohesionar un pequeño equipo que comenzó fraccionado, con concejales más cercanos al ‘susanismo’ y otros menos, y ha terminado su mandato sin problemas internos. Todo lo contrario. Tras hacerse con las riendas del partido con solvencia, en unas elecciones en las que se impuso con claridad tras la decisión del comité provincial de no tomar partido y retirarse Isabel Armario, Mamen Sánchez comenzó a ver el futuro, su futuro, más claro y formar, tiempo después, una lista según sus deseos, que es la que hoy servirá de base para su nuevo gobierno, de más margen.

Se ha apoyado con habilidad en la izquierda, dándole un margen controlable sin caer en la radicalidad, apoyando cuestiones simbólicas, pero al mismo tiempo atendiendo a las grandes empresas que sostienen los servicios esenciales de la ciudad. Ha dado protagonismo a concejales tan distantes –no sólo en edad– como Francisco Camas y José Antonio Díaz, consciente de que la realidad social de Jerez es muy variopinta. Y no se ha distanciado lo más mínimo de las tradiciones de una ciudad en la que el turismo sigue siendo la principal herramienta generadora de empleo.

Si ya era tranquila en circunstancias adversas, se supone que ahora le temblará todavía menos el pulso. Mamen es una persona de gustos sencillos que ejerce de madre y esposa todo lo que el tiempo de una alcaldesa le permite, que conoce muy bien a los medios de su etapa en el Congreso en Madrid –por su relación con su cónyuge– y por su vocación frustrada de periodista. Pocas veces se ha alterado en su vida, incluso cuando, como a principios del pasado mandato, le tocó sufrir los ataques de una parte del personal municipal radical acostumbrada al acoso y derribo para conseguir sus fines desde tiempos atrás, algo que sufrieron otros regidores en su momento. Ha sido precisamente la paz social a nivel laboral en el Ayuntamiento lo que más quebraderos de cabeza le ha dado en este pasado mandato, aunque ha sentado las bases para mejorar la situación. Puede presumir de ser la única primera autoridad de la ciudad de la democracia que no ha estado incursa en una causa legal después de los casos de Pedro Pacheco, Pilar Sánchez y María José García-Pelayo.

Y, como la Alicia a través del espejo de Lewis Carroll, como su hija Naiara cuando la miraba en aquel cartel pegado en la calle, ha sido capaz de llegar hasta otro mundo en cuatro años. Ahora todo será bien diferente para Mamen Sánchez. Ahora no le toca sobrevivir, sino liderar.

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