Arte y naturaleza

Chapman, al natural

  • González Byass inaugura una exposición en torno a la vida y obra de este cazador-naturalista, que se podrá visitar hasta el 31 de marzo

José Manuel Amarillo, Miguel Rebuelta, Carmen Aranguren y Manuel Barcell ayer tras la inauguración./ MATEO ARANDA José Manuel Amarillo, Miguel Rebuelta, Carmen Aranguren y Manuel Barcell ayer tras la inauguración./ MATEO ARANDA

José Manuel Amarillo, Miguel Rebuelta, Carmen Aranguren y Manuel Barcell ayer tras la inauguración./ MATEO ARANDA

“Incluso Jerez, con sus 60.000 habitantes, no tiene una zona suburbana. En apenas media hora de paseo se pueden presenciar escenas de la avifauna agreste por las que los naturalistas de nuestro país suspiran en vano. A una milla o dos de distancia se encuentra nuestro ‘pantano local’ (probablemente la laguna de Torrox). Allí, a mediados de febrero, una docena de cigüeñuelas avanzan con pasos majestuosos en el agua; cerca hay un grupo de agujas, algunas de ellas escarbando en el cieno y el resto arreglándose las plumas con el pico en excéntricas poses. Más allá, la orilla más seca se halla adornada por garcillas bueyeras blancas como la nieve, algunas de ellas posadas sobre el ganado, librándoles de las garrapatas que tanto le atormentan”. Lo contaban los ingleses Abel Chapman y Walter J. Buck en su libro ‘La España inexplorada’, allá por 1910, una panorámica de diversos espacios naturales de España y, entre ellos, de Andalucía: Doñana, Sierra Morena, Sierra Nevada...

En octubre de 2016 salieron a subasta en Madrid los dibujos originales de Abel Chapman que habían servido para ilustrar sus famosos libros ‘Wild Spain’ y ‘Unexplored Spain’. La Fundación González Byass los adquirió. El interés de la Fundación por estos dibujos estriba en la íntima relación entre Abel Chapman y Pedro Nolasco González, marqués de Torresoto, que junto a Walter Buck y Alexander Williams formaron el grupo conocido como los ‘escriturarios’, que tuvieron los derechos de caza de Doñana desde 1872 hasta 1912.

Público observa algunas de las obras de la exposición. /M. A. Público observa algunas de las obras de la exposición. /M. A.

Público observa algunas de las obras de la exposición. /M. A.

Con Pedro Nolasco González Soto empezó la relación de la familia González con Doñana, la cual continuó con la adquisición de una parte de este espacio natural por su hijo Manuel María González Gordon y, posteriormente, con el hijo de éste, Mauricio, cuyas gestiones en defensa de Doñana son conocidas por todos.

Pues bien, para sorprender a propios y extraños, la sala Tío Pepe de González Byass, y en el marco de las VIII Jornadas de Archivos Privados ‘Archivos y Naturaleza’, que se celebran del 20 al 22 de marzo en el Alcázar, inauguró ayer la exposición ‘Abel Chapman, la naturaleza dibujada’, que se podrá visitar hasta el 31 de marzo y que han comisariado Manuel Barcell Arizón y José Manuel Amarillo Vargas, y cuyo montaje ha estado coordinado por Carmen Aranguren Fine Art.

Cerca de medio centenar de dibujos de distintas escenas de la naturaleza española como Doñana, Jerez, la Sierra de Los Alcornocales, fotografías de la época, cañones pateros, patos disecados, textos...

Abel Chapman nació en 1851 en Bishopwearmouth, Sunderland, al nordeste de Inglaterra. Desde muy niño sintió una atracción especial por la naturaleza, posiblemente influenciado por su abuelo materno, fundador de la Sociedad de Historia Natural de Northumbria. Y también por su tío materno, George Crawhall, al que describía como “un deportista de la vieja escuela y la persona a quien debo los mejores consejos para moverme por el campo”. Chapman estudió y se formó en la prestigiosa Rugby School -cuna de tan británico deporte- para así ayudar en los negocios de la familia, dedicada a la fabricación de cervezas y el comercio de vinos por tierra y mar.

La vida de Chapman fue intensa y llena de aventuras y descubrimientos. Tan es así que, en 1897, vendió la empresa familiar para dedicarse a sus grandes pasiones. Fueron numerosos sus viajes, todos ubicados entre el océano Ártico y el cabo de Buena Esperanza y casi siempre con la excusa de su afición cinegética, el estudio concreto de las aves y de la naturaleza en general.

Chapman y Pedro Nolasco a caballo, entre los juncales de Doñana, en 1908. Chapman y Pedro Nolasco a caballo, entre los juncales de Doñana, en 1908.

Chapman y Pedro Nolasco a caballo, entre los juncales de Doñana, en 1908.

El legado de Abel Chapman -desgrana el completo catálogo de la exposición- a través de sus detallados libros y, más concretamente, de sus dos obras sobre España, las ya citadas ‘Unexplored Spain’ (1910) y su predecesora ‘Wild Spain’ (1893) -ambas escritas junto a su amigo y compañero de andanzas Walter J. Buck-, significan hoy una fuente importante para el mejor conocimiento histórico de la naturaleza ibérica. Además, el hecho de que Buck y Chapman tuvieran su residencia -habitual y temporal respectivamente- en la ciudad de Jerez (Recreo de las Cadenas), nos ha permitido conocer mejor nuestro entorno más cercano y su estado natural hace más de 100 años. Sin olvidar que debemos a su ímpetu el que la cabra montés ibérica se salvara de la extinción, o que en Doñana se regulara por primera vez la caza”.

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