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La actriz Rebecca Ferguson. / D. S.

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** 'Sin piedad'. Ciencia ficción. Estados Unidos. 2026. 100 min. Dirección: Timur Bekmambetov. Guion: Marco van Belle. Música: Ramin Djawadi. Fotografía: Khalid Mohtaseb. Intérpretes: Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Annabelle Wallis, Chris Sullivan, Kylie Rogers.

En 2008 el director ruso de origen kazajo Timur Bekmambetov, tras una larga carrera en su país, debutó en Hollywood -impulsado por el éxito de sus películas Guardianes de la noche y Guardianes del día- con la mediocre Wanted. A caballo desde entonces entre Rusia, donde este prolífico e incansable director y productor ha seguido trabajando, y Estados Unidos, donde como productor ha trabajado con Tim Burton en Número nueve, con Scorsese en La guerra de las corrientes o con Blumhouse en Eliminado: Dark Web, además de coproducir las películas de ciencia ficción y terror Apollo 18 y La hora más oscura. Como director su trabajo en Hollywood es digamos que mejorable: el disparate Abraham Lincoln: cazador de vampiros y el vergonzoso mamarracho del remake de Ben-Hur, a las que ahora se suma Sin piedad, una distopía -otra- menos disparatada o vergonzosa que sus anteriores obras, pero tampoco mucho mejor.

En un arruinado y degradado Los Ángeles de un futuro próximo el crimen se enseñorea de la ciudad hasta que efectivos implacables y una justicia instantánea y sin piedad impartida por una infalible jueza creada por IA que no precisa de tonterías procedimentales, garantías, abogados y jurados para dictar sentencias de muerte (ojalá que Trump no vea esta película), un policía ha de enfrentarse a la acusación de haber asesinado a su mujer.

En este alegato contra el uso de la tecnología avanzada para la represión con la excusa de luchar contra el crimen, que más bien es un pretexto para montar una más bien tosca película de acción y violencia, se proyectan muchas sombras de otras mayores que ella, desde Robocop o Días extraños a Minority Report. Nada que ver con ellas.

Lo único original es que el protagonista tenga que defenderse en un tiempo limitado (la acción se desarrolla casi, solo casi, en tiempo real) sentado en una silla eléctrica, mientras todo lo que le acusa y la trama que hay tras ello se ve en pantallas, que lo achicharrará si la jueza IA lo declara culpable. Eso es eficacia y ahorro de tiempo y de impuestos de los contribuyentes. Entretiene a condición de que no se le pida más que eso.

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