Análisis

Nerea Navarro

Oídos sordos para todo

No es la primera vez que escucho que el centro está hecho un asco. Y no voy a andarme con rodeos. Es una vergüenza que se me llene la boca cuando hablo de mi tierra y a la hora de demostrarlo no pueda hacerlo en condiciones. Que la ciudad está muy dejada, que está sucia, que los edificios dan pena verlos y miles de cosas más. Hay calles del casco histórico que son muy turísticas porque te dejan respirar el olor añejo de Jerez pero que cuando decides pasear por allí, hasta te lo piensas. ¿Pero qué estamos haciendo? Jerez es una ciudad preciosa, alegre, con un duende especial y con muchas cosas de las que aprender, pero si cada persona que llega se lleva esa impresión, somos nosotros mismos los que les estamos cerrando la puerta. Acciones que se llevan a cabo en las que se gastan millones y millones de euros, que encima son nuestros, para que luego los propios jerezanos no podamos presumir de nuestra localidad. Tendrá aeropuerto, circuito, una feria de escándalo, un enorme complejo comercial pero también a unos cuantos que nos manejan como les dan la gana.

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