Análisis

ignacio garcía

Una historia de violencia y abandono

Sara es una chica de un pequeño pueblo. Huérfana muy niña, la acogió una pariente suya de la ciudad llamada Esperanza, para tenerla de criada y, encima, aprovecharse de las pocas pero fértiles tierras que Sara tenía en el pueblo. El chico se llama Marcos y también fue acogido en su niñez por una tía rica, Francisca. En unos años, y con poco tiempo de diferencia, Francisca y Esperanza se cansaron de Marcos y Sara y estos volvieron al pueblo.

Marcos quería a Sara para él y la acosó y llegó a agredir verbal y físicamen-te. Y sin ningún derecho ocupó y explotó sus tierras. Sara protestó y se resistió pero ¿qué podía hacer ella, simple mujer en una sociedad machis-ta, contra el mocetón de Marcos que poco a poco se fue enriqueciendo y, a la vez, ganando amigos y aduladores?

En voz baja, casi todo el mundo decía que estaba con Sara pero nadie ha-cía nada.

Pidió ayuda a la tía Esperanza quien, sorprendentemente, res-pondió con evasivas. Claro: Esperanza tenía negocios con Marcos y su tía Francisca la cual apoyaba a muerte a su sobrino.

Los notables del pueblo reconocían la razón de Sara, pero le decían que la solución estaba en arre-glarse con Marcos contra el que nadie se atrevía. Incluso César, el más rico y cacique de facto, llegó a dar públicamente la razón a Marcos mientras los demás miraban a otro lado. Sara decía: "¿Cómo voy a arreglarme con ese maltratador y ladrón? Lo que quiero es vivir en mi casa y en mis tierras y que me deje en paz". Sara tuvo que dejar el pueblo, pero siguió luchan-do sin rendirse.

La anterior no es una historia del todo ficticia. César es Estados Unidos (Trump), Francisca es Francia y Esperanza es España. Marcos es Marruecos y Sara… el pueblo saharaui. Algo así resulta su historia.

Ojalá que un día sean libres y puedan volver a su tierra.

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