El jerez como relato cultural
El jerez como relato cultural
Hay vinos que se explican con datos. Y hay vinos que solo se comprenden cuando se cuentan. Soy de la opinión de que el Jerez pertenece al segundo grupo. Lo curioso es que siendo uno de los vinos con mayor densidad histórica, sigue costando que también se perciba como un patrimonio cultural vivo.
Cuando hablamos de soleras centenarias que han sobrevivido generaciones o vinos que “han visto” hechos históricos, el Jerez deja de ser un producto para convertirse en parte de nuestra memoria. Por tanto, su valor no sólo reside en la calidad, sino también en ser un testigo del tiempo.
Durante décadas se ha explicado desde su complejidad técnica, desde sus características organolépticas, olvidando muchas veces su profundidad cultural. Muy poco se ha escrito sobre el protagonismo que ha tenido en la biografía de familias, anécdotas de tabancos o celebraciones del pueblo, lo cual, ha tenido un impacto determinante en la idiosincrasia de la zona.
Que se explique desde la razón ha influido en que se considere un vino “difícil”, cuando creo que el Jerez se entiende mejor si se narra, si se escucha su historia, aunque no se comprenda a la primera, no importa; como todo patrimonio cultural, conocerlo y apreciarlo exige interés, atención y respeto.
Pienso que si el Jerez también se explicase desde su valor cultural y aporte a la sociedad e historia de la ciudad, dejaría de ser un vino “difícil” para convertirse en inevitable. Reconocerlo como patrimonio, también es determinante para que perdure.
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