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Análisis

carmen pérez

Universidad de Sevilla

¡Se trata de Europa!

Hablemos claro, el desastre que tiene encima Europa sólo se arregla de una forma: con más Europa. Y el motivo para que apuesten por ello los diferentes países no es el de la solidaridad sino el de la estricta conveniencia propia. Éste es el mismo argumento que ya Immanuel Kant en su día esgrimió para que las potencias europeas renunciaran a la guerra y firmaran un compromiso común por la paz: el interés propio. Y así ha sido, cuando siglos después los europeos se decidieron a hacerle caso. Ahora el objetivo de Europa es otro: hacer frente a la recesión más importante en tiempos de paz. Esperemos que ahora comprendan más rápido que les seguirá yendo mejor unidos que por separado.

Muchas voces autorizadas están clamando por esto. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la primera. Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, en una entrevista esta semana incluso se esforzó en convencer dando razones: por salud, por el riesgo de segundas olas si los países más débiles no pueden desconfinarse adecuadamente por agobios económicos; por política, ya que la población perdería la confianza en la unión; y por economía, porque al estar tan estrechamente interconectados, si sufre uno, sufren todos.

Y también Elisa Ferreira, la comisaria europea de Cohesión, advertía hace unos días que "el daño no será sólo para los llamados países menos eficientes, sino para toda Europa". Un fondo europeo solo a base de créditos dejaría fuera a los países que no pueden endeudarse más allá de cierto nivel, y esta desproporción distorsionaría el mercado: "Sólo las ayudas de Berlín a Adidas, con 2.400 millones, o a TUI, con 1.500 millones, ya superan las que han dado algunos estados a todas sus pequeñas y medianas empresas". Se necesita que las empresas viables resistan la crisis independientemente del lugar en el que estén ubicadas.

Europa se enfrenta a que la pandemia en determinados países derive en una crisis financiera que contagie al resto o en que alguno diga basta y se rompa el euro. Por ello, Christine Lagarde en su conferencia de ayer, tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, insistió en que una respuesta fiscal "ambiciosa y coordinada" es crítica. Aplaudió los 540 mil millones de euros aprobados como red de seguridad para trabajadores, empresas y soberanos, pero reclamó un programa de reconstrucción conjunto "rápido, firme y flexible".

Sin embargo, esto no termina de engendrarse. Mario Draghi se pasó ocho años reclamando "más Europa" y ahora Lagarde lo hace en circunstancias aún más dramáticas. Por el momento, la situación está contenida por las compras del BCE. Así, ante la rebaja de Fitch a la deuda italiana, hasta BBB, casi bono basura, no ha habido reacción en el mercado. Pero la presión será cada vez más intensa. Ayer, Lagarde, se limitó a mejorar las condiciones de liquidez y retribución a la banca. Espera la respuesta fiscal mutualizada. Si falla, quizá los miembros del Consejo tendrían que hacer gala de su independencia y consentir que las compras de deuda incumplan la clave de capital y se atienda más al país más necesitado, y salvar al euro dando una respuesta mutualizada por la vía monetaria.

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