Uclés

02 de febrero 2026 - 03:06

No me importa al acercarme a la obra de un escritor -un buen escritor-, si en su vida personal se manifiesta como persona de derechas o izquierdas, creyente o incrédulo, tirio o troyano; lo que prevalece es la obra y la honestidad del creador. Lo que no trago es el sectarismo; ahí me deja de interesar el autor y su obra. Y esta podrá ser buena o mala, no lo sabré, llámenme raro, pero me provoca rechazo; me quedaré en la duda de si la Península de las casas vacías del premiado Uclés o su próxima Ciudad de las luces muertas merecían mi tiempo porque en mi caso, el autor-ahora personaje en redes- se ha comido la obra. Por fortuna, la literatura está llena de buenos escritores y estupendos manuscritos que se apoderarán de mi tiempo. Tampoco es problema. Uno, que va acumulando años, no deja de sorprenderse con estas actitudes tan poco conciliadoras que en el fondo nos transportan a tiempos -que ni yo, con más edad, ni Uclés-, hemos vivido ni padecido, pero que se empeñan en traernos al presente de forma interesada como arma de polarización masiva. La confrontación sana de ideas con el distinto no se lleva y lo que está de moda es la cancelación; la superioridad moral facilona de Uclés no es una excepción, es el nuevo antifascismo de salón que responde a la llamada de su tribu. Me quedo con aquello que escribió Julián Marias -éste si conoció y padeció la guerra y a los dos bandos casi toda su vida, no Uclés- cuando se refería a “los injustamente vencedores y los justamente vencidos”. Leer a Marías sería una buena medicina contra el sectarismo, aunque me parece que algunos no tienen cura.

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