Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Y la Atalaya registró un lleno hasta la bandera a favor de Uniper
Cuando estas líneas vean la luz, la suerte estará echada. Dicen que el gran Julio César dijo al cruzar el Rubicón, río que separaba Italia de la Galia: "alea jaci est", usando el imperativo: "¡echad la suerte!" y no: "alea jacta est", "la suerte está echada", en tiempo pasivo. Aquí, estimados lectores, está la sutil, pero esencial, diferencia: en la actitud.
Cuando escribo esto, no sé, aún, cuál habrá sido el resultado de las trascendentales Elecciones Generales del veinte de noviembre, pero si sé que, en función de la actitud, 'jaci o jacta' que la mayoría, absoluta, haya decidido adoptar, así sucederá que estemos condenados al irremediable naufragio o que nos demos la oportunidad de tener alguna opción de sobrevivir a la catástrofe que estamos viviendo.
La estupidez, infinita, de los humanos, fiel a la inmutable ley de Murphy, condiciona el destino de todos, estúpidos y no estúpidos. La democracia, "el gobierno de la multitud", dijo Platón, siendo "el menos malo de los sistemas políticos", dijo Churchill, tiene el inconveniente básico de que, al someterse a la voluntad de la mayoría -no queda otra-, se somete también a la voluntad de los muchos necios. Es bien sabido, y de sobra constatado, que la inteligencia no es el más común de los talentos entre los humanos. Por desgracia, la mediocridad, a menudo casada con la mezquindad, campa por sus respetos entre los que hemos cometido la mayor de las paradojas para dar nombre a nuestra especie: 'homo sapiens'.
Así, si exceptuamos a los que no les queda otra opción para seguir medrando, lo que de ningún modo racional se entiende, es que a estas alturas de la película, aún haya quien se esté planteando dar una oportunidad a quien, de modo fehaciente, ha demostrado su incapacidad para la gestión pública y su ferviente fidelidad a la mentira y el desafuero. Puedo comprender que se piense en votar a cualquier opción… razonable, pero no puedo entender que, entre las 'opciones razonables' se incluya, en esta ocasión, al Partido que colocó un Gobierno nefasto, clueco e inoperante, al frente de una nación, hoy más cerca de la quiebra que de la oportunidad de una salida asumible para la mayoría.
Necesitaremos profesionales brillantes, personas cualificadas, técnicos que sepan lo que se traen entre manos. Ciudadanos dispuestos a trabajar, duro y con seriedad, para lograr en el menor tiempo posible -que en ningún caso será poco- salir de este pozo, sin fondo y sin salida visible, en el que nos ha sepultado una clase política, sencillamente, impresentable.
A un patán, por muy del 'Partido' que se quiera que sea, no se le puede entregar una 'empresa' -léase Ministerio- con un presupuesto, por ejemplo, de 30.000 millones de euros (5 billones de pesetas) y, para colmo, esperar que la gestione con brillantez. "Quod natura non dat, Salamantica non praestat", dice el aforismo, y no miente. Sin embargo, nuestro, felizmente ya ex-presidente del Gobierno, ha puesto especial atención y cuidado en elegir ciudadanos incapaces, sin la formación adecuada -algunos, directamente sin formación-, ni la preparación necesaria -el mismo ha sido el gran incompetente entre los ineptos todos-, para desarrollar las altas responsabilidades que les ha encomendado.
España, señores, está en una encrucijada histórica. Nuestra proverbial envidia, nuestra torpe prepotencia, nuestra inútil vanidad; de la mano de la lacra que Zapatero ha supuesto, nos han llevado hasta donde estamos. Creemos que ya somos 'demócratas de toda la vida' porque llevamos 37 años de libertad, pero la realidad es que nos queda mucho camino por andar, mucho que aprender de los que lo han recorrido antes que nosotros, mucho egoísmo que olvidar, mucha humildad que asumir.
Nuestra cultura democrática es tan deficiente que da miedo. De no ser ésta una triste realidad, no se entendería como el compadreo chabacano, la mentira descarada, el nepotismo salvaje o la más impresionante de las durezas de cara; se perdonan -una y otra vez-, se olvidan -una y otra vez- y hasta, ¡país! -que diría un 'forgendro'-, se ríen y toman por muestras de 'ingenio, habilidad y maña'.
En las urnas que ayer se cerraron, se puede haber cerrado también nuestro futuro, o no. Todo dependerá de cual haya sido la actitud. ¿Qué fue al final: 'jaci' o 'jacta'?
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