Ayesa como síntoma

Sede central de Ayesa en el parque tecnológico de la isla de la Cartuja, en Sevilla.
Sede central de Ayesa en el parque tecnológico de la isla de la Cartuja, en Sevilla. / Grupo Joly

02 de enero 2026 - 05:45

EL año empieza con un mal síntoma para la economía andaluza: una empresa estratégica como Ayesa se divide y deja de tener capital andaluz. La venta de su división digital –cuyo origen es Sadiel– por 480 millones de euros a un consorcio vasco consuma la inminente separación en dos compañías y fuerza la salida de la familia Manzanares del capital. No es sólo una operación corporativa: es la pérdida de una referencia tecnológica para Andalucía. El traslado del domicilio social al País Vasco confirma que la región no ha sabido retener uno de sus activos más estratégicos, frente a la postura del Gobierno de Euskadi, que ha impulsado una operación política para recuperar mucho más que Ibermática, la compañía guipuzcoana que integró Ayesa, y que ahora retornará multiplicada y con un negocio inmensamente mayor.

La venta no quedará ahí, porque la otra mitad de la empresa, la división de ingeniería está a punto de pasar a las manos canadienses del grupo Colliers, una operación aún sin cerrar pero muy avanzada.

La familia Manzanares, fundadora de la compañía, se ve forzada a abandonar el capital en el proceso de salida de A&M Capital (AMCE), socio mayoritario desde 2021, aunque su idea inicial era permanecer si los compradores lo asumían. El desenlace ha sido el contrario aunque deje cifras espectaculares: más de mil millones de euros entre ambas ventas y un reparto que otorga a los Manzanares cerca del 30%. Éxito financiero, sí. Pero con consecuencias negativas para el tejido productivo andaluz: pierde una gran empresa –de las que le faltan– y merma los ingresos fiscales de la autonomía.

El capital es muy dueño de hacer esta operación y defiende que es un paso natural ante la ganancia de tamaño del grupo desde la entrada de AMCE. Seguramente es así, pero demuestra que en Andalucía nadie hace nada por dar las condiciones para evitar una marcha como ésta. Porque el movimiento no es casual. Responde a una estrategia clara del País Vasco para reforzar su ecosistema tecnológico. ¿Dónde está la estrategia andaluza? ¿Qué papel juega la Junta en la defensa de empresas que son motor de innovación? La respuesta no puede limitarse a lamentar la pérdida. Andalucía necesita política industrial real, incentivos para retener talento y capital, y una visión que evite que estas operaciones se conviertan en norma. Porque Ayesa Digital no se va sola: se lleva consigo una parte del futuro tecnológico de la región. Y eso debería preocuparnos más que cualquier cifra.

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