Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Y la Atalaya registró un lleno hasta la bandera a favor de Uniper
No cupo un alfiler en la Atalaya. Lleno -el pasado día 27 de diciembre- hasta la bandera. Pese a lo desapacible de la jornada -viento, lluvia, frío-. La hora del espectáculo -las nueve de la noche- tampoco fue óbice para colgar en el muro de la calle Lealas el cartel de “no hay billetes”. Jerez respondió con creces. Como así sucede -sin salvoconductos, sin cortapisas, sin hueros pretextos- cuando la solidaridad llama a la puerta de la ciudad. La ocasión se presentaba que ni pintiparada para dar el do de pecho según los parámetros -no siempre al alcance de la mano- de la empatía más pura. Jerez, en cuestiones de arrimar el hombro, no gasta pólvora en salvas. Ni tampoco golpea en hierro frío. Manolo Medina -el jerezano, el actor, el cómico, el cantante, el showman, el autor de obras de teatro con 30 años ininterrumpidos en los escenarios de España- lió la manta de todas las dificultades a su cabeza, a sabiendas de que jamás se le cayeron los anillos en proyectos solidarios, y de nuevo ha roto moldes, la pana y una lanza a favor de quienes más necesitan toda clase de apoyos mediáticos, económicos, institucionales. Uniper realiza un esfuerzo ímprobo y un trabajo digno de los mejores elogios para con los niños que padecen enfermedades raras. El calificativo es sólo un decir, en tanto en cuanto por veces cada vez abundan más, incluso en demasía. Los niños de enfermedades raras merecen la protección de las mayorías absolutas, el cariño unánime y la atención de personas anónimas y de administraciones públicas. También de los artistas y de la opinión publicada -en libros, en prensa, en diarios íntimos y en testimonios vox populi-.
Manolo Medina hizo el llamamiento y la respuesta se sustanció en una doble vertiente. Así, como (bien) suena. La primera, en orden cronológico, corresponde a los artistas que aceptaron -sin miramientos y sin pensárselo dos veces- participar gratis et amore en un concierto cuya escaleta -¡créanme a las primeras de cambio!- puso bocabajo y bocarriba al auditorio -¿verdad que sí, Beatriz Trapote y Víctor Janeiro?-. Manolo Medina y los artistas participantes cuajaron un espectáculo total, ameno, dinámico, divertido, sentimental, interactivo, trillado de picos altos, ensayado al milímetro, improvisado en la naturalidad de los interludios, con guiños de modernidad y paralelamente con brindis musicales en remembranza de cantantes idos al modo de un tributo in memoriam -verbigracia: CamiloSesto, Nino Bravo, Lola Flores-. O temas celebérrimos de autores de la talla de MiguelBosé, Raphael, José Luis Perales, Mecano o Julio Iglesias. Se me viene a la sesera dos expresiones de nuestro castellano que jamás encajarían dentro de cuanto sucedió en la Atalaya: ‘sin orden ni concierto’ y ‘sin pena ni gloria’. Todo lo contrario. Hubo derroches de orden, de concierto y, por descontado, de gloria. Y, con gloria, no me refiero al pelotazo -de cuando entonces- de Umberto Tozzi.
Hacía -sobre poco más o menos- 40 años que Manolo Medina no cantaba en Jerez. Media vida. Y esta vez -como un regreso del hijo pródigo- contó con la participación -o la coparticipación- encima de las tablas de María José Santiago, Nuria Fergó, Melu, Rocíola jerezana, Juanlu Matos, Jara Pol y Miguel Caiceo. Justificaron in extremis sus ausencias -la gripe, la ronquera e incluso la afonía, que sigue haciendo estragos en las gargantas- tanto David Cordobés como Manuel de la Momi. De alguna manera ambos también se hicieron presentes en espíritu y en calor fraternal. El título del concierto -mismidad y no epígrafe-: ‘Voces prestadas’. La segunda reacción a la llamada de Manolo Medina: los jerezanos. ¿Se desbordaron las predicciones y las previsiones? No. Nones. Ni hablar del peluquín. Ni por asomo. Jerez se manifestó. Jerez transmitió a Manolo Medina que con los niños no parte peras. Y que, a tal tenor, tal honor, como en un lema corporativo de valientes mosqueteros al abrigo de la ayuda a los más pequeños: uno para todos y todos para uno.
No quiero pasar por alto ni el bellísimo texto -a flor de piel- del presentador Pedro Rollán ni a los profesionales de primer rango que ejercieron de músicos y coristas y sonido: dícese: PedroGordillo Rosa -director de orquesta-, Fernando Pérez Frutos, Alejandro Ramírez Millán, Fernando Mata Peláez, Juan Fernando Valderrama Cantor, Bryan AlfredoEito Millera, Lourdes Millán Caravaca y Carmen Olmedo Arrabal. ¡Enhorabuena a Manolo Medina, a Uniper y a cuantos hicieron realidad esta iniciativa que a todos nos conmovió de principio a fin! Gracias, de veras, por este gesto tan humano. La música fue en la Atalaya arte, confesión, amor…
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