"No dejes que se caiga!!! Ayúdanos a la restauración. Haz tu donativo en la columna digital de la entrada". Un cartel pegado a la reja de la capilla nos alerta, y nos interpela, ante el espectáculo dantesco de su interior. Su retablo barroco se cae a pedazos. Múltiples piezas fuera de su lugar, una pilastra desprendida de forma aparatosa, la mesa de altar hundida… todo parece producto de un terremoto o de un brutal asalto.

Pero, no, simplemente estamos ante el resultado de esa suma demoledora del paso del tiempo, serios problemas estructurales y, por supuesto, muchos años de descuido. Añadamos a todo eso lo peor que puede pasarle a un bien artístico para su debida tutela y conservación, “no existir”. Su presencia en esta capilla, la de los Ceas de la iglesia de San Marcos, no ha quedado reseñada en ninguna de las más recientes guías que hablan de esta parroquia. En defensa de los autores de estas publicaciones diré que hasta hace poco este interior se ocultaba a miradas inoportunas por cortinas. Con todo, alguna vez mi curiosidad me llevó a meter la cabeza y, desde luego, me sorprendí por el olvido y, también, por el interés de aquella obra.

Se trataba de una estructura de finales del siglo XVII o principios del XVIII, contemporánea a la construcción del retablo mayor y, con casi total seguridad, realizada por el mismo artista, José Rey. Incorporaba pinturas y omitía columnas, como aquel, e incluía detalles decorativos muy similares. Como notas diferenciadoras, algún añadido rococó, su composición a manera de arcosolio y la efectista integración dentro del propio retablo de las ventanas que iluminan el espacio desde el exterior y que han podido ser causa principal de su deterioro.

El paso dado por el párroco para visibilizar el problema ha sido valiente. Su iniciativa debe tener ahora una respuesta igual de decidida.

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