HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Begoña y su tatarabuelo

30 de noviembre 2008 - 01:00

ES admirable que Begoña García González-Gordon no haya perdido la inocencia, en el sentido de aferrarse al lado bueno de las cosas, de ver la cara amable de la vida y de mantener la confianza en la especie humana, no en el de juzgarlo todo con simpleza. Su marido, Benito Cortines, la acompaña y la apoya en esta virtud rara en tiempos de desconcierto. Mi trato antiguo y frecuente con Begoña en una tertulia creada por unos cuantos amigos para no dejar de vernos, ha hecho que ya casi no discuta con ella: un pesimista con tendencia al desánimo no es sino un optimista desengañado. Por fortuna para su familia y amigos, Begoña mantiene la ilusión juvenil de tener su casa en orden y bien concertada y escribir libros luminosos como su carácter. Después de hacer el elogio de Doñana, con acuarelas de su prima, y también amiga, Bibiana González-Gordon, de contar, con tacto y humor, las vidas insólitas de sus tías del El Altillo, ha aparecido la biografía (aunque no lo sea en sentido estricto) de su tatarabuelo Manuel María González Ángel, fundador de las bodegas González-Byass.

El siglo XIX en España y en toda Europa es el de la fe en la razón y el optimismo liberal. Aunque atacado por la Iglesia y los incipientes socialismos, con el liberalismo se hacen grandes fortunas, tanto que MM, como lo llama en el libro su tataranieta, pasó, en un tiempo relativamente breve, de tener unos ahorros a ser uno de los hombres más ricos de España. Lo normal era que las riquezas obtenidas con rapidez se gastaran alegremente en una a dos generaciones. Ejemplos hay en la mente de todos. Tuve la oportunidad hace unos años de leer buena parte del diario de MM, y lo que más me llamó la atención fue su deseo de llevar una vida sencilla y familiar, y su inteligencia para conocer las habilidades de sus hijos, socios y colaboradores. Escogió a los mejores. Daba poderes a unos y no a otros, porque una cosa es querer y proteger a los hijos y a los amigos y otra poner en peligro una empresa bodeguera a la que dedicó la vida.

Begoña no ha querido hacer una hagiografía de su antepasado, sino que se ha ceñido a algunas tradiciones familiares y, sobre todo, a los documentos de la bodega y a los personales de MM. Es posible que algunos parientes queden desdibujados, como doña Victorina o Ricardito, pero es mejor así que escribir una novela histórica. Los antepasados quedan envueltos en las leyendas familiares y cada generación añade algo nuevo de su parte. La autora ha sacado del mundo legendario a su tatarabuelo y le ha dado vida y consistencia histórica en una edición espléndida, llena de fotos antiguas y modernas y numerosas ilustraciones. Los cientos de descendientes directos de MM tienen un valioso documento para conocerse mejor, que siempre ayuda en la vida y mejora las obras.

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