El torero Víctor Barrio. El torero Víctor Barrio.

El torero Víctor Barrio.

Vivir es a veces como una cornada en la ingle, de varias trayectorias y consecuencias irreversibles. No hace falta que un toro te embista, en ocasiones bastan sólo palabras de odio, que actúan como una hemorragia por diabrosis, en la que la sangre no surge lenta de la herida, sino a borbotones, imposible de frenar. Metafóricamente, así observé ayer a Jesulín de Ubrique, empitonado hasta el alma por las barbaridades que se han escrito en redes sociales con la muerte del joven diestro Víctor Barrio.

“¿Es posible que alguien escriba con tanta crueldad por la tragedia de un torero?”, me preguntó el maestro gaditano, con el que coincidí al ir a desayunar. Su rostro era todo un poema, entre humillado y desconcertado, profundamente dolido. Con rabia contenida me dijo: “Escribe algo sobre eso, por favor. Espero que lo hagas y lo leeré. Yo no sé ni qué decir”. Sin duda, todo un compromiso. Ponerse a la altura de quien calumnia, le da méritos y no mitiga el daño. Por el contrario, hace más sangrienta y desgarrada la herida, nunca se cierra.

Para rebatir a alguien que humilla con la palabra, no hay mejor respuesta que la indiferencia o, llegado el caso, recurrir a la vía judicial. Entrar en la batalla dialéctica, resulta estéril y da alas a quien sólo busca protagonismo. El objetivo de quien difama, es generar dolor gratuitamente, no busca interlocutor, ni cambiará su opinión, ni tendrá antídoto por su inmundicia. Si tuviésemos que contrarrestar todo el odio que germina a diario en Facebook, Twitter y otros medios, nos pondríamos a la misma altura moral de quienes lo generan.    

Sólo se entra al trapo, cuando caemos en la provocación. El arte de la palabra, también puede estar en la diplomacia del silencio, que no es cómplice ni da la razón a quien se oculta. Sólo hay que estar al quite, cuando observamos un peligro real e inminente, que viene de frente, nunca ante palabras ofensivas sin rostro visible. Las cornadas dialécticas, no dejan señales en la piel, ni marcas externas, sólo sufrimiento interno, privado. El día que internet genere toros de carne y hueso, habrá que ver quién se atreve a saltar a la plaza de la red, pero no con palabras…  

*Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez. 

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