Alto y claro
José Antonio Carrizosa
Vox y la ola del cabreo
Hablamos, naturalmente, de las elecciones aragonesas. No abundaremos en los resultados, nada sorprendentes por lo demás excepto para los que viven todavía en la galaxia 78. Parece que a golpe de urna se va imponiendo una cierta cordura, muy necesaria en tiempos complejos. No pueden ser los mismos comportamientos los de una sociedad fracturada, enfrentada por múltiples debates arrastrados durante años, y entre encolerizada y asustada con el futuro previsible, que la de hace cincuenta años, cimentada sobre grandes consensos básicos, de los que el principal era la propia España, y con la experiencia del éxito colectivo en la lucha contra la pobreza y el atraso secular. Esta situación coincide, además, aún no sabemos si como mera reacción fungible, o como verdadero nuevo fundamento social, con un auge nunca conocido de la derecha, de la verdadera derecha, no de los sucedáneos de estas últimas décadas. Que esto se iba a producir era evidente a la luz de la evolución de los principales países occidentales, siendo desde hace años la península Ibérica una excepción retardataria. Mientras esto pasaba en el mundo que más nos interesa, el partido llamado a protagonizar entre nosotros ese giro respondía a las nuevas tendencias con el abandono vergonzante de sus últimas señas como derecha creíble y con un seguidismo acelerado y descabezado de todo lo que, como mínimo, desagrada a su electorado natural, e incluso repugna a una parte considerable. De no haber nacido Vox, que le ha servido de freno, ¿dónde estaría hoy el PP?
Lo sabemos. Exactamente donde lo quieren los interesados analistas y columnistas que aconsejan a Moreno Bonilla ahondar los fosos, establecer distancias, hacer imposible cualquier acercamiento. Por supuesto, la mayoría de estos no ha votado jamás al PP ni lo hará, pero saben que un entendimiento, aunque sea de mínimos, entre ese partido ya más liberal y socialdemócrata que conservador que es el PP, y la derecha genuina que representa Vox, condenará durante muchos años a la izquierda a una oposición que se ha ganado esforzadamente en Andalucía y en toda España. Nuestro modestísimo consejo, Presidente, es que comience desde ya a labrar y abonar el campo de la futura negociación, pues será inevitable. Como Presidente, y como líder de la fuerza mayoritaria, tiene usted la obligación de dar los primeros pasos.
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