Corrupción de racimo

07 de diciembre 2019 - 01:42

Suenan tambores de guerra civil en Podemos. La expulsión de su abogado, que afirma que se produce porque estaba investigando la corrupción del partido y que está dispuesto a seguir adelante con los faroles, va a dar mucho que hablar. Alguien que emerge del cuarto de máquinas de un partido es un asunto explosivo.

Y más aún cuando esta explosión va a ser de racimo. Internamente, llueve sobre mojado, tras el chalet de Galapagar y las secuelas de la escolta de Irene Montero. El liderazgo de la pareja Irene-Pablo ha superado con sorprendente resiliencia bastantes crisis de prestigio, pero irremediablemente se ha ido dejando pelos de la coleta en cada gatera. Un escándalo con ribetes legales, encima, puede ser fatal. A la tercera, se dice, va a la vencida.

Externamente, debilita o extingue el músculo más poderoso de Podemos, que es o era la denuncia. Sus propuestas programáticas son más endebles, lógicamente, siempre lo han sido. En cambio, todavía le quedaba la inercia de la indignación del 15-M y la fuerza original de un hartazgo popular ante una casta, precisamente, corrupta, ejem, y alejada, huy, de las inquietudes de la gente. Esto lo puede disipar.

Sin embargo, la traca final es la más inmediata. Son tan preocupantes los encajes constitucionales de un pacto del PSOE con ERC y los encajes morales de sus entendimientos con Bildu que se nos olvidan aquellos insomnios que provocaría un pacto con Podemos, tal y como Pedro Sánchez mismo dijo muy serio y cargado de razón un momento antes de pactar con ellos. Esa superación de los reparos por gravedades e indignidades sobrevenidas ha sido la gran ventaja mediática del pacto PSOE-Podemos.

Un escándalo por corrupción en la cúpula del socio preferente de Pedro Sánchez haría más difícil todavía su gobierno Frankenstein. No sólo porque todos los partidos con los que pactase, todos, tendrían basura bajo las alfombras y en los tribunales, sino especialmente porque Podemos tiene un papel esencial que desempeñar ahí. Hacer de correveidile con los partidos independentistas. Ese juego de trilero ante los ojos de los militantes socialistas puede venirse abajo con la mesita y el puestecito de Iglesias y Montero si lo de la corrupción va a más y explota. O sea, que no hablamos de una cuestión que pueda afectar al prestigio y al discurso de un partido mediano del arco parlamentario. De esto puede depender el Gobierno futuro de España.

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