Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, 31 de diciembre de 1946: Argudo, García-Figueras y Montenegro
COMO está taxativamente demostrado, la mística es también una corriente literaria que utilizan los escritores en verso y prosa para expresar su intensa religiosidad. Y dentro de la poesía, la mística se denota en muy pocos autores, puesto que se considera que se consuma al producirse la unión del alma con Dios mismo. Los teóricos de tan sublime estado religioso, creen que para conseguirlo existen tres fases o vías espirituales, la purgativa, la iluminativa y la unitiva. Largo sería reseñar, aquí y ahora, las distintas formas de las citadas situaciones anímicas, y lo que sí nos atrae en esta ocasión, es evocar algunas de las composiciones poéticas más significativas al respecto. Y hay que señalar que los principales poetas renacentistas que destacaron en el ámbito místico han sido Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. En estos días de Semana Santa, parecen recién escritos estos versos de la santa: "Aquella vida de arriba,/ que es la vida verdadera/ hasta que esta vida muera/ no se goza estando viva./ Muerte, no seas esquiva;/ viva muriendo primero;/ que muero porque no muero". Versos que pertenecen a sus "Versos nacidos del fuego del amor de Dios que en sí tenía". Y una de las muestras más importantes de la poesía mística española, es el "Soneto a Jesús Crucificado", atribuido a San Juan de la Cruz: "No me mueve, mi Dios, para quererte/ el cielo que me tienes prometido,/ ni me mueve el infierno tan temido/ para dejar por eso de ofenderte./ Tú me mueves, Señor, muéveme el verte/ clavado en esa cruz y escarnecido;/ muéveme ver tu cuerpo tan herido;/ muéveme tus afrentas y tu muerte./ Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,/ que aunque no hubiera cielo, yo te amara,/ Y aunque no hubiera infierno te temiera./ No me tienes que dar porque te quiera;/ porque aunque lo que espero no esperara,/ lo mismo que te quiero te quisiera". También, junto a Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, encontramos en la cúspide de la poesía mística a Fray Luis de León, José de Valdivieso, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz…, clásicos que han dejado un importante legado de poesía mística, en el que destaca el siguiente soneto de Lope de Vega: "¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras"/ ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,/ que a mi puerta, cubierto de rocío,/ pasas las noches del invierno a oscuras?/ ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,/ pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío/ si mi ingratitud el hielo frío/ secó las llagas de tus plantas puras!/ ¡Cuántas veces el ángel me decía:/ ´Alma, asómate agora a la ventana;/ verás en cuánto amor llamar porfías´!/ Y cuántas, hermosura soberana,/ `Mañana le abriremos,´ respondía,/ para lo mismo responder mañana!". A los clásicos les seguirían entre otros con sus versos místicos Núñez de Arce, Bartrina, Unamuno, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez. León Felipe, Jorge Guillén, Bergamín, Demenechina, Leopoldo Panero, García Nieto, Blas de Otero… De este último, es este místico y crucial terceto: "Manos de Dios hundidas en mi muerte./ Carne son donde el alma se hace llanto./ Verte un momento, ¡oh Dios!; después, no verte".
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