CATAVINO DE PAPEL

Manuel Ríos Ruiz

Homenaje discográfico a Rafael de León

EL pasado año se cumplió el centenario del nacimiento Rafael de León y Arias de Samaniego, Conde Gómara y Marqués de Valle de la Reina. Natural de Sevilla, estudió derecho en Granada y fue amigo de Federico García Lorca. Estuvo preso por monárquico durante la etapa republicana y repudiado por los intelectuales durante el franquismo. Al decir de su biógrafo, el escritor y periodista Antonio Burgos, Rafael de León ha sido y es el poeta más popular de España. No solamente por sus canciones, llegó a registrar unas ocho mil, desde "Tatuaje" a "Ojos verdes", tan célebres, también por sus romances, entre ellos los titulados "Profecía" y "Pena y alegría del amor", recitados en los años treinta, cuarenta y cincuenta por los rapsodas, tan en boga en los espectáculos folklóricos de aquellas décadas.

Y de sus miles de canciones algunas están inéditas en disco. Ahora, la cancionista Clara Montes ha editado uno con temas del autor sevillano. Un disco que constituye un oportuno y merecidísimo homenaje, con la particularidad de que incluye dos de sus canciones discográficamente inéditas, la titulada "A manos llenas", que quedó olvidada en un archivo a la muerte del maestro Manuel Quiroga, el músico que tanto colaboró con él, y canción que presta título al disco. La segunda es "La lluvia proseguía", aparecida durante una investigación de la propia Clara Montes, se trata de un poema que ha musicado ellas misma. Dice así: "La lluvia proseguía/ llamando en los cristales,/ cortina de agonía,/ guadaña de rosales./ La lluvia proseguía/ llamando en las ventanas,/ con una melodía/ antigua de pavana".

Junto a las canciones olvidadas, Clara Montes interpreta en el disco las muy famosas "Ay, pena, penita, pena" -tan "dicha" por numerosas voces-, "Y sin embargo te quiero" -el gran éxito de Juanita Reina-, "Te quiero, te quiero" -popularizada por Nino Bravo-, "La Loba" -genialmente interpretada por Marifé de Triana-, "Rosa Venenosa" -admirable en la voz de Manolo Caracol-, "La rosa y el viento" -de novelesca trama- y "Ten cuidado" -un soneto musicado por el maestro Solano-. Con el reseñado repertorio, en pleitesía a la obra de Rafael de León, Clara Montes deja patente su peculiar concepción interpretativa de la canción española, y lo hace a la guitarra, con las sonantas de Pepe Habichuela -en "Pena, penita, pena"-, El Paquete -en "Rosa venenosa"- y Josemi Carmona -en ocho de ellas-, guitarristas que adaptan sus toques a las músicas originales.

En estos momentos, cuando se intenta revalorizar y divulgar la canción española, bajo el nombre de La Copla (denoninación con la que no estamos de acuerdo, porque la copla es síntesis y no tiene planteamiento, argumento y desenlace como sí lo tienen las zambras o los pasodobles), discos como el que ahora ofrece Clara Montes son sumamente meritorios. Y muy especialmente por lo que significa como reivindicación del mejor letrista de canción española de todos los tiempos.

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