HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Ideología del tabaco

23 de febrero 2009 - 01:00

TODAVÍA no sé si fumar es de derechas o de izquierdas. La vigilancia de la salud y la obligación de estar sanos es de izquierdas, luego fumar debe ser de derechas. Todo tiene su ideología ahora: el pacifismo, el belicismo islamista y el presidente venezolano han resultado ser de izquierdas, mientras que los heterosexuales católicos, los judíos y el presidente francés son de derechas. Después de milenios, el aborto, la eutanasia, el cambio climático y la ignorancia han entrado con honores por la puerta izquierdista, y, en cambio, las buenas formas, la curiosidad por saber y la próxima glaciación son contrarrevolucionarias. Pensaba de niño que fumar y tomar café solo, sin leche, eran gustos de viejos, porque los de más edad eran grandes fumadores y mi abuela materna tenía todo el día una cafetera puesta al fuego o cerca de los rescoldos.

Los especialistas del VIII Congreso Nacional de Prevención y Tratamiento del Tabaquismo (nombre largo para conclusión corta: prohibición) instan al Gobierno a endurecerle la vida a los fumadores, no permitir fumar en ningún local público y subir los impuestos a las tabaqueras. Tabaco más caro y en privado. Los pobres, como siempre, saldrán perdiendo y serán los llamados a dejar de fumar y a renunciar a un consuelo del alma. Los ricos podrán pagar el tabaco al precio que sea y no faltarán reservados en los establecimientos públicos frecuentados por los poderosos. Una vez más se recurre a los fumadores pasivos para inclinar hacia ellos nuestro lado bondadoso y tocar así las conciencias de los activos, quienes, faltaba más, son libres de encenegarse en un vicio envenenador de su salud corporal. Libres en su casa. Bares y restaurantes perderán clientela, pero los pulmones de los parroquianos estarán más libres para hablar a grito limpio, según la costumbre meridional.

Nadie niega, naturalmente, que el tabaco haga daño, pero menos que la vida. En comparación con otras costumbres poco sanas no es muy antiguo en Europa, unos 500 años. Ha servido para suavizar la ansiedad de muchas generaciones, para facilitar las relaciones e incluso para crear identidades. Pues, claro que hace daño. Si el tabaco fuera prohibido y el fumador tachado de asocial, quedará el contrabando, que es ilegal, pero no ilícito ni repugnante para la moral de los fumadores. El contrabando debe ser de derechas y, por extensión, el de tabaco será de extrema derecha. Estaremos expuestos a tabaco adulterado, mucho más dañino que el controlado por las autoridades que nos advierten que mata y lo encarecen. Si las autoridades sanitarias se propusieran acabar con todos los paliativos de la angustia que se saben malos para la salud, la sociedad se paralizaría aterrada y todos correríamos el peligro cierto de morir de un ataque o una sobredosis de realidad.

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