resistiendo

Andrés García Ibáñez

Jefferson y los bancos

21 de abril 2011 - 01:00

PIENSO que los bancos son más peligrosos para nuestras libertades que ejércitos enteros dispuestos para el combate. Si el pueblo americano permite algún día que los bancos privados emitan y controlen su moneda, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, después seguida de la recesión, hasta el día en que nuestros hijos se despierten sin casa y sin techo sobre la tierra que sus padres conquistaron".

Muchos atribuyen esta cita premonitoria -sin poder constatar su veracidad al cien por cien- a Thomas Jefferson (1743-1826), tercer presidente de los Estados unidos de América entre 1801 y 1809, considerado como uno de los padres fundadores de este país, político y pensador ilustrado, afín a las ideas revolucionarias francesas. Según parece, la cita pertenece a una carta -formalmente desaparecida- dirigida por Jefferson en 1802 a Albert Gallatin, Secretario del Tesoro.

Jefferson militó en un liberalismo republicano que promovió la separación de poderes y la separación entre Estado e Iglesia. Personalmente, pensaba que la solución idónea para su país era la de una economía familiar agrícola, de explotación directa de la tierra, fraccionada en pequeñas propiedades privadas, para procurar la subsistencia y la felicidad de las familias. Se opuso al latifundismo y al sistema de terratenientes emanado de él. Tampoco creía en un gobierno centralizado y todopoderoso, amparado en el control económico del país mediante el Banco Central, creado en 1791 por Alexander Hamilton, a imagen y semejanza del europeo, con el llamado sistema de la Reserva fraccionada. Con el tiempo, y pese a dos derogaciones del citado Banco o Reserva Federal, fue el sistema que prosperó…en todo el mundo, hasta hoy. Conocerlo es la forma para entender la situación actual, de la que todos somos esclavos y cómplices inconscientes. El sistema de la Reserva fraccionada es fraudulento y en él se basa toda nuestra economía. Cuando la civilización creó el dinero en papel -billetes- como un vale canjeable por el dinero oro, surgió el banco como lugar donde se cambiaba uno por otro.

El dinero auténtico era el metal precioso y no los vales en papel. Mientras la emisión de vales se correspondiera con la existencia real de monedas, todo se ajustaba a unos márgenes lícitos. El fraude comienza cuando el banco emite más vales en papel que dinero existe en metal y a prestarlos con un interés determinado, controlado por él mismo. Dando por bueno este método, aceptamos que los bancos nos presten un dinero que no tienen y enciman nos cobren por ello. A día de hoy, ni siquiera existen los billetes y todo se reduce a una operación electrónica o informatizada.

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