Foto: Manuel Aranda Foto: Manuel Aranda

Foto: Manuel Aranda

A determinadas edades, es recomendable someterse a chequeos periódicos y, con 30 años en su haber, al circuito de Jerez puede que le haya llegado la hora de un profundo y riguroso análisis. A ojos de cualquier especialista, el 'corazón' de este trazado andaluz ha vivido a miles de revoluciones por segundo, manteniendo un ritmo frenético y altamente productivo. Pero, por su propio bien, habría que revisar con detenimiento las constantes vitales, garantizando así su porvenir.

Por lo general, cuando se superan las tres décadas, se inicia el tránsito para la consolidación de una vida, pasando de la juventud a la adultez. Llegado ese momento, Jerez demanda ya una puesta a punto de sus sacrificados 'motores', garantizando de este modo la anhelada longevidad. Lo que no es de recibo es que, un día sí y otro también, se esté poniendo en entredicho su futuro. Caer en esos derroteros, resulta profundamente injusto, pues se olvida que este circuito puso en el mapa a la ciudad que le da nombre, más allá de lo que se consiguió con el vino o los caballos y, aunque comiencen a 'salirle canas', sólo se precisa engrasarlo con 'aceite' de última generación.

Este trazado, pionero en España como instalación permanente para los deportes del motor, reclama las atenciones que se ha ganado a pulso. Desde su creación en 1985, el alquiler de su pista resulta excepcional durante todo el año, casi no existen días libres. Pero su calendario de competiciones internacionales, lejos de ir a más, mantiene incertidumbres y grandes ausencias, entre las que destaca especialmente el automovilismo, no ya sólo por la codiciada Fórmula 1 que, desde hace 19 años, no tiene a Jerez entre sus sedes y, últimamente, ni para entrenamientos.

Durante cuatro años consecutivos, el Mundial de Superbikes ha recalado en este circuito y, si nadie lo remedia, 2016 podría ser la última vez que lo visita. Quizá no ha cuajado lo suficiente entre la afición, o puede que no se haya promocionado como es debido. Si finalmente no regresa a Jerez, será una lástima, porque este Campeonato de SBK es fantástico, a viva imagen de MotoGP, pero muy cercano al público, con su paddock abierto como una exposición. Del mismo modo, la Capital Mundial de la moto, con que Jerez fue distinguida hace dos años, expira en 2017, sin que se haya aprovechado todo el potencial de imagen y posibles ingresos que esta distinción podía traer consigo.

Por otro lado, el todopoderoso Gran Premio de MotoGP, que tantos beneficios genera, se va renovando con cuentagotas, casi año tras año, estando garantizado sólo hasta 2018, cuando el resto de circuitos españoles (Barcelona, Aragón y Valencia), mantienen una relación contractual más prolongada en el tiempo, atrayendo así mejor a posibles patrocinadores.

Nadie niega la complejidad que debe existir en la gestión de instalaciones de este tipo, máxime teniendo en cuenta que se trata de una empresa pública y que, en épocas difíciles, hay que priorizar con competiciones que generan a su vez entrenamientos paralelos. Pero siempre se puede ir a más, no hay que perder la ambición, y menos el ingenio. De hecho, algunas personalidades en el mundo del motor apuntan a que el trazado debería renovarse, contemplando una revisión de su diseño que le permita ofrecer carreras más emocionantes y disputadas. Estas mismas fuentes explican que Jerez es casi el único del Mundial de MotoGP en el que no superan los 300 kilómetros por hora. En cambio otros, como el reconocido ingeniero Jan Witteveen, presente estos días en el trazado andaluz, consideran que "no hay razones objetivas para un cambio de diseño. Está bien como está, porque ya es original y único. La velocidad máxima no lo es todo".

Pese a complejidades, dimes y diretes, la actividad en el trazado no se detiene. Sus trabajadores parecen incombustibles, como si llevasen 'gasolina' en sangre. En algunos casos, la pasión les hace entregarse de sol a sol y, pese a imponderables, carencias o recortes, atisban algunas mejoras en el horizonte. Entre ellas, podría estar el reasfaltado de la pista en agosto del próximo año (la última vez se hizo en 2008) y la reforma de la emblemática torre Tío Pepe.

En el pasado Gran Premio de España de MotoGP, celebrado en el mes de mayo, llamamos la atención desde estas páginas con un artículo titulado 'Por un pacto institucional', que reclamaba a las distintas administraciones, locales y regionales, un consenso que garantizase la 'inmunidad' del circuito de Jerez. Junta de Andalucia y Ayuntamiento deben ir de la mano, para que el circuito sea intocable y que siga a la vanguardia. Que hagan cuentas con los beneficios que ha reportado y reporta, o que tomen ejemplo de otras autonomías que han seguido el ejemplo, precisamente, de lo que hizo Jerez construyendo su circuito hace 30 años. ¿Oído cocina?

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue editor jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como jefe de prensa del Circuito de Jerez.

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