La nicolumna

Nicolás Montoya

Larga cambiada

18 de abril 2013 - 01:00

LOS cambios de los últimos días son significativos. Los carteles de toros reapareciendo en farolas y vallas publicitarias. El olor a azahar y a puro en los tendidos propio de otros tiempos. El tiempo se ha encargado de hacernos ver que por estas latitudes pasamos del frío del invierno al calor más pegajoso en pocos minutos, los que transcurren entre el cambio de hora en los relojes y los primeros sones de sevillanas en ferias por Andalucía. La gente se ha lanzado a la calle con la ropa de verano, en sandalias y manga corta sin pensar en el que dirán de sus blancos brazos invernales. Los deportistas de footing libre tomando las ciudades como saliendo de hormigueros. Los rayos uva y las playas a tope para llegar a feria más quemados. Los caracoles temblando por el mes que les llega, resignados a su suerte, viendo poner sus barbas a remojar. Los libreros, montando ferias en chiringuitos anacrónicos con menos perspectivas de ventas que las de cambios en la mentalidad de los políticos. Y éstos, sin importarles el sudor, embutidos en sus trajes de señoras y caballeros, enfrascados en no asumir errores, cometiendo la torpeza más de dos veces en la misma piedra y dando largas cambiadas a cualquier pregunta o requerimiento. Ni el Paula en sus mejores tiempos logró aglutinar tanto arte en tan pocos metros cuadrados. Apuntes de miles de euros para tesoreros de partidos. Financiaciones ilegales. Juicios por tráfico de influencias. Prevaricaciones por todos lados. Y los demás a apretarnos el cinturón. Largas cambiadas, chicuelinas, desplantes, manoletinas, y capotazos para que entremos al trapo de la desvergüenza y la falta de valores. Para que sigamos siendo, por unos meses, los más nobles de los cornúpetas herbívoros, que tras las faenas de aliño y los sones de tres avisos, podamos ser estoqueados sin compasión y descabellados sin miramiento. Faena de banderillas negras y bronca en toda regla. Con agonía de muerte, o con devolución a los chiqueros para posteriores encierros. El presidente tiene la palabra con pañuelos de colores. Olé.

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