Línea de fondo

Santiago Cordero

Santiago.cordero@jerez.es

El Resucitado

La veteranía de Cristiano Ronaldo o Messi todavía sirve

Es condición humana el de dar por muerto y enterrado al que habiendo triunfando sufre algún traspié más o menos importante. En España somos más aún, uno de nuestros pecados capitales es la envidia y no llevamos muy bien el éxito del prójimo, de ahí que a las primeras de cambio si hace falta pisemos al de al lado para que no se vuelva a levantar. Igualmente, hemos ido perdiendo con el tiempo y la inmediatez de lo moderno, de lo que es cool, de lo que es exitoso, el respeto por la experiencia y la veteranía por la edad. Todo lo mayor huele a viejo y desfasado.

Escuchas en cualquier tertulia hablar de Messi o Cristiano Ronaldo y sientes vergüenza ajena por la consideración que se les tiene hoy en día. Menos mal que de vez en cuando vuelven a demostrar que no están muertos o que si le daban por tal son capaces de resucitar para reivindicar el presente, pero sobre todo pedir respeto por su trayectoria. El otro día Cristiano volvió a marcar tres goles para dar la victoria a su equipo y ya es el tercer máximo goleador de la liga inglesa.

Al propio Nadal también le dieron por muerto en varias ocasiones y una vez y otra, cual ave fénix, remonta el vuelo desde sus cenizas para volver a escribir alguna página de oro en la historia del tenis mundial. Así podríamos seguir exponiendo ejemplos de deportistas, incluso de equipos, a los que se les han dando por muertos y enterrados, casi siempre por los envidiosos, y tiempo después han regresado del más allá para brillar en el presente más actual.

Por cierto, que no hace falta ir a Manchester o París para toparnos con este tipo de situaciones. Aquí tuvimos un equipo que llegó a jugar en Primera, que fue el orgullo de gran parte de nuestra ciudad, aquel del que José Monje escribió y cantó, que nos poníamos la camiseta como "mi padre me enseñó". Un equipo que dimos por muerto y que esta semana de pasión, todo un abuelo a sus 75 años, acaba de certificar su clasificación para una fase de ascenso menor, pero demostrando más de una década después de su entierro, cual resucitado, que sigue vivo y dando pequeñas-grandes alegrías a los que siempre estuvieron. Es difícil de creer, pero es tiempo de milagros, qué le vamos a hacer.

Creo que la veteranía, la experiencia, la edad son un grado, una acumulación de conocimientos y de vivencias que pueden ayudar a las generaciones más jóvenes a no cometer los mismos errores y a saber escoger buenas decisiones. Nunca demos por muerto a quien no lo está.

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