Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, marzo de 1970: León Manjón, Romero Coloma y el Parque de la Serrana
LA poesía española coetánea ha perdido a uno de sus más significativos cultivadores, el poeta madrileño Diego Jesús Jiménez, fallecido días pasados a los sesenta y siete años de edad. Con sus obras "Grito de carne y lluvia", "La valija", "Ambitos de entonces", "La ciudad", "Coro de ánimas", "Fiesta en la oscuridad", "Bajorelieve" e "Itinerario para naúfragos", obtuvo importantes galardones desde el Premio del Club Internacional de la Poesía, en Jerez, al Premio de la Crítica, pasando por el Adonáis, el Nacional, en dos ocasiones, el Juan Ramón Jiménez y el Jaime Gil de Biedma, entre otros.
Tenemos la satisfacción de haber sido uno de sus primeros lectores y de haber contado con su amistad desde los años sesenta, cuando intercambiábamos nuestras primeras publicaciones, apareciendo juntos en diversas revistas y antología, entre ellas la titulada "La Nueva Poesía Española" (Biblioteca Nueva, 1971), antología crítica, en la que su autor, Florencio Martínez Ruiz, escribe: "Dueño de una prodigiosa intuición para la palabra y para el quiebro de la síntesis lírica y de una enorme capacidad sugerente, Diego Jesús Jiménez incorpora a las voces de representación castellana su queja honda, de grandes ámbitos y cósmica orfandad, a través de la experiencia de su infancia y de su juventud (…) Y es ese inmenso niño huérfano que lleva dentro el que se duele en cada verso, a punto de soltar una gota de sangre. Su humanidad sufrida en la imaginación y macerada en su palabra asoma sus raíces menesterosas. Apagada la faramalla abstracta y aun luminosa, Diego acierta a darnos su biografía dolorosa, con verdadero genio dramático, con una elegancia clásica de canto funeral irremediablemente dicho".
Por su parte, el crítico Luis García Jambrina, acaba de opinar sobre la poesía de Diego Jesús Jiménez: "De hecho, la verdad del poema no es otra cosa que la inmersión en lo desconocido, en lo misterioso, en lo oscuro de la vida, como única forma de habitar y soñar la realidad. Todo esto dio como resultado una poesía hondamente reflexiva, crítica y desmitificadora, pero que, al mismo tiempo, es un canto a los desheredados, los fracasados, la víctima de la Historia o de cualquier historia. El fruto, en fin, de la labor callada y solitaria de un poeta visionario." Como muestra de su poesía, transcribimos un breve poema, titulado "La música serena": "La música serena,/ más callada, se enciende con la tarde,/ sobre la verde vena/ de agua, brilla y arde/ junto al silencio de armonía plena./ Con ritmo lento huye/ de transparentes luces alumbrada./ Oh claridad que fluye/ y en sombras agostada/ contempla su pureza y se destruye". Llevaba razón Luis Jiménez Marto cuando, allá en 1976, aseguraba en su "Informe sobre poesía española (Siglo XX)": "Diego Jesús Jiménez es uno de los poetas jóvenes a los que se puede otorgar un crédito ilimitado". Y se cumplió su profecía.
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