Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Malas compañías

El Gobierno andaluz se jacta de que no le temblará el pulso, pero gasta puño de trapo envuelto en guante de fino metal

El Gobierno andaluz comunica mal desde hace varios días, y no me refiero al cantinfleo del consejero de Salud a cuenta de los límites numéricos de las reuniones familiares, porque, como el propio Jesús Aguirre ha justificado, un mal dormir lo tiene cualquiera y las neuronas no siempre funcionan como un hilo de fibra óptica. No, no es eso. El problema es el seguidismo de Madrid, que ha terminado por enfadar hasta a Ciudadanos en Andalucía.

El presidente Juanma Moreno anunció el domingo pasado nuevas medidas para aliviar el contagio de Covid, porque venían días "difíciles, preocupantes y complicados". Serían generales y habría algunas concretas, "quirúrgicas"; de modo que los andaluces fueron preparando otra vez el cenobio. Caritas de cartujos y taberneros como mojamas. Llegó el lunes y llegó el martes, y lo que ordenó su Consejo de Gobierno fue confinar el perímetro de Casariche, donde no viven más de 5.000 personas, de tal modo que la publicación en BOJA de las nuevas limitaciones que iban a regir en este pueblo sevillano fueron entendidos por algunos como generales. Hubo bulo, intencionalidad, pero también confusión en el mensaje.

El Gobierno andaluz se jacta de proclamar que no le temblará el pulso para adoptar medidas terroríficas, pero la verdad es que tiene el puño de trapo en guante de fino metal. No hay más. Casariche, que estaba ya autoconfinado, se cierra. ¿Casariche? ¿Eso es todo?

Algo ocurría. Ya el domingo por la noche, el presidente andaluz emitió un comunicado con el que exhortaba al Gobierno central a aprobar medidas homogéneas de aplicación en todo el territorio nacional. La terminal que Génova tiene en el Gobierno de la Comunidad de Madrid se había activado de nuevo, y todos los presidentes autonómicos del PP habían sido invitados a respaldar a Isabel Díaz Ayuso, IDA, en su doble batalla contra Pedro Sánchez y su vicepresidente, el de IDA, no el de Pedro: Ignacio Aguado, de los naranjas.

El estrambote final dejó al tal Aguado con un acuerdo con Salvador Illa que resultó ser papel mojado, y al que se terminaron oponiendo los gobiernos gallegos, catalán y andaluz. Castilla y León, donde el consejero de Salud es de Ciudadanos, votó a favor. Los argumentos que el Gobierno andaluz ha dado en contra del confinamiento de las grandes ciudades es un galimatías propio de los peores días de Jesús Aguirre, y es que hay berenjenales donde es mejor no meterse.

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