Apertura de la causa de beatificación de una jerezana

Francisco Antonio García Romero, Gonzalo Castro Moreno Y Eugenio Vega Geán

María Antonia de Jesús Tirado, una vida ejemplar

10 de junio 2011 - 01:00

SOBRE las biografías existentes (del Padre Haro y de J.L. Repetto) y muy especialmente sobre un muy amplio corpus de cartas de la Madre María Antonia dirigidas a diversos destinatarios (de cuya transcripción se ha encargado Gonzalo Castro), esta comisión ofrece a los lectores el siguiente resumen biográfico.

Antonia Lucía Josefa Tirado y Ramírez nace en Jerez de la Frontera el 13 de diciembre de 1740, en la calle Arcos. Sus padres fueron Diego Alonso Tirado, de oficio herrero, y María Ramírez, casados en 1730. Otros hijos del matrimonio fueron Tomás, que fue párroco en la Colegial y que convivió con María Antonia toda su vida; Blas, casado y residente en Puerto Real; Francisco, sacerdote de la Catedral de Cádiz, y Manuela, que no contrajo matrimonio y vivió con María Antonia y Tomás hasta su muerte.

Un hecho de especial relevancia es la grave enfermedad, que la llevó al borde la muerte: sólo la oración y la intercesión de Santo Domingo la libró de la tumba. A finales de 1756 está bajo la dirección espiritual del Padre Alonso de Cala y Vázquez, párroco de la Colegial de Jerez, quien le dio una regla de vida y de oración. En diciembre de 1757 tiene sus primeras experiencias místicas. En 1761 ingresa en la Orden Tercera de Santo Domingo y profesa al siguiente año.

En 1767 la familia se traslada a la collación de la Colegial. En 1771 María Antonia, aunque aún no había realizado voto de castidad, rechaza una proposición de matrimonio. En 1777 sufre una grave enfermedad, una postema (es decir un absceso que supuraba) debajo de las costillas de lado derecho, que se hinchó hasta el brazo; una agonía de tres meses, en los que fue desahuciada por los médicos. Si bien se recuperó, su frágil cuerpo quedará marcado por la debilidad consecuencia de la enfermedad hasta su muerte. En octubre de 1778, muertos ya sus padres, María Antonia se retira a casa de su hermano en Puerto Real. Esta estancia supone un avance en la interioridad y unión con Dios: es entonces cuando el Padre José Sánchez le pide que ponga por escrito sus experiencias místicas, por lo que a partir de 1779 comienza a escribir en Jerez todo lo que hasta ese momento había manifestado oralmente a sus directores espirituales.

A instancias del Padre Cala emitió su voto de castidad, primero de tres años y después perpetuo. Entre el 6 de enero de 1781 y el 6 de enero de 1783 se queda muda. En ese tiempo guarda ayuno y sólo ingiere pan, agua y la Eucaristía diaria. El 8 de diciembre hace votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia, y se adscribe definitivamente a la espiritualidad dominicana. El 8 de julio de 1787 viste el hábito externo de terciaria dominica, a partir de ese momento será conocida como 'la hermana María Antonia'. Sabemos de los padecimientos que sufrió y su fama de persona piadosa: recibe la consulta de personas, consuela a tristes y enfermos, socorre a pobres y a mujeres pecadoras, y en los últimos veinte años de su vida tiene fama de taumaturga.

De 1797 data el epistolario de María Antonia con el Beato Diego José de Cádiz. Posiblemente María Antonia deseara la dirección espiritual del capuchino, pero éste resolvió que su amigo y confidente el Padre Francisco González, dominico residente en Écija, se hiciera cargo de María Antonia. Dentro de este epistolario está el episodio de atentado contra la vida de María Antonia, en 1798, o la exposición moral en latín (lengua que no conocía) del capítulo 11 de San Mateo, o las pruebas que le hizo un trinitario descalzo, tras las que constata que María Antonia está en matrimonio espiritual.

Bajo la influencia de Diego José de Cádiz y del Padre González, María Antonia comienza a hacer vida en común con otras terciarias en su propia casa. Estamos en plena etapa de formación del Beaterio. El Provincial de la Orden de Predicadores da licencia en los primeros días de noviembre de 1799 para que puedan vestir el hábito de terciaria a cuantas candidatas quieran vivir con María Antonia en su casa. El 29 de julio de 1802 da la licencia oficial el Ayuntamiento para el establecimiento del Beaterio, que a partir de febrero de 1807 se dedicará a casa de ejercicios espirituales de señoras y a centro de enseñanza para niñas del pueblo.

Durante la invasión francesa del país y la ocupación de la ciudad, a partir de marzo de 1810, su estado de salud empeora y recibe los últimos auxilios espirituales el 23 de marzo. Sus exhortaciones en el lecho de muerte iban dirigidas a sus hermanas, a continuar fervorosamente la obra del Beaterio y a vivir en plenitud la perfección evangélica. El Jueves Santo de 1810, día 19 de abril, sería su último día de vida terrenal. Enterrada primero en el cementerio de la ciudad y luego en la Colegial, sus restos finalmente fueron trasladados a la capilla del Beaterio en 1886.

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