El balcón

La Moncloa, pequeña ciudad prohibida

La frustración y los precios han aflorado una indignación soterrada y a la vez la soledad y debilidad del Gobierno

Vivimos tiempos de indignación mientras salimos de la pandemia. Y el Gobierno se mueve lento y torpe. José María Lassalle en la tertulia de Las Mañanas de Radio Nacional habla de bucle monclovita y define a La Moncloa como una pequeña ciudad prohibida a las afueras de Madrid. Javier Cercas con acierto semejante aludía recurrentemente en su Anatomía de un instante al pequeño Madrid del poder.

El poder siempre habita en espacios pequeños. Tan estrechos que a veces sólo cabe una persona. Desde el PSOE portavoces novicios nos dicen que la política internacional la fija el presidente del Gobierno en exclusiva, como si Sánchez fuese jefe del estado francés con dominios reservados en Exteriores y Defensa. Así un primer ministro con 120 diputados decide en la soledad de la ciudad prohibida cambiar 47 años de postura oficial sobre el Sahara y sus voceros afirman que nada ha variado.

El ensimismamiento monclovita lleva a las ministras de Transporte y Hacienda a calificar como maniobra de la extrema derecha la protesta de los camioneros. El masivo seguimiento y los aplausos espontáneos de la gente al paso de los huelguistas han sido una derrota autoinfligida y un triunfo gratuito concedido al populismo ultranacionalista. Todo dios soporta subidas espectaculares de la electricidad y la gasolina. Así que con independencia de que la extrema derecha quiera cabalgar sobre la indignación ciudadana, el fondo del problema no es que alguien le haga el juego a Putin, sino que hay una inflación desbocada que ha enajenado al Gobierno.

España tiene menos margen que otros países para subvencionar el combustible. Sus impuestos a los hidrocarburos son casi la mitad que en Holanda, un tercio menores que en Italia, y una cuarta parte por debajo de Francia o Alemania. Pero el Gobierno reaccionó tarde y mal. La flota pesquera andaluza sigue amarrada, a los agricultores les penaliza la subida de la energía y la huelga del transporte, la protesta de los camioneros ha provocado un desabastecimiento general… En esas circunstancias, fiarlo todo a decisiones de la UE o atrasar las medidas una semana evidencian una gran falta de sentido de la realidad en el Gobierno.

Tras la pandemia, la frustración y los precios han aflorado una indignación que estaba soterrada. Y a la vez, se ha hecho más pequeña y débil a la ciudad de La Moncloa.

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