Tribuna Cofrade

Salvador Gutiérrez Galván

En un rincón de Londres

LA  Iglesia ‘Our Lady of Lourdes’ ( Nuestra señora de Lourdes) situada en el barrio  londinense de Acton, es el templo parroquial católico de Wanstead, en el distrito londinense de Redbridge, perteneciente a la archidiócesis de Westminster. Su actual párroco es el sacerdote de los sagrados Corazones Fintan Crotty. Hay una carta de bienvenida en la página web de la parroquia escrita, en su momento, por el Padre Patrick Sammon:

“Somos una comunidad católica. Es posible que haya venido del extranjero o de  lugares lejanos a este país, o que haya  venido a la Iglesia personalmente. En cualquier caso sea bienvenido. El punto central de nuestra comunidad parroquial es la Eucaristía con la adoración diaria del Santísimo Sacramento. Le invito, si quiere, a pasar un tiempo en oración. Les deseo a ustedes y a sus seres queridos la bendición y protección de Dios. Que la paz de Cristo esté contigo.”

            La tarde del miércoles de ceniza (Ash Wednesday) mi buen amigo Fernando Cordero, sacerdote también de los Sagrados Corazones, se dirigía caminando a este templo. Antes, describe como buen periodista, se encontró con un enorme e intenso despliegue policial, seguido de  un enfrentamiento entre jóvenes musulmanes y la propia policía. La Iglesia está situada junto  a una mezquita en una zona de tensiones y conflictos. En las cafeterías de esos barrios (propiedad, en gran parte, de musulmanes) los trabajadores y camareros suelen ser cristianos, ya que tienen menos derechos, al no disponer de un tiempo determinado para rezar, como sí tienen otros trabajadores musulmanes.

            Fernando, natural de Algodonales, seguía su camino hacia la parroquia. Ya había pasado antes por delante de una iglesia anglicana, otra metodista y la mezquita. Finalmente llegó a la Iglesia ‘Our Lady of Lourdes’, que cuenta con un comedor para atender a los necesitados, además de un supermercado social. Muchos de los parroquianos son voluntarios, me comenta. Entre otros el Padre Ultan, quien sirve comidas a la gente y entabla conversaciones con cualquier feligrés, sea de la confesión que sea.

Al entrar en la iglesia, toda repleta de un sofisticado sistema de cámaras de viodeovigilancia por motivos de seguridad, pudo percibir un gran número de personas, de diferentes procedencias, recogidas en silencio antes de la celebración. Eritreos, filipinos, irlandeses, londinenses y de otras nacionalidades se unían para celebrar la fe en el Señor Jesús. También en este barrio, como en todo el mundo,  es un tiempo de crecimiento y esperanza. Aquí la ceniza, me relataba mi buen amigo, se impone de una manera curiosa, ya que es ceniza húmeda “porque el agua bendita cae generosamente sobre ella”. Así que todos salen tiznados con la señal de la cruz. Incluso muchos políticos eran vistos ese día, por televisión en el parlamento, con la cruz de la ceniza en sus frentes.

En la parroquia de ‘Our Lady of Lourdes’, al  final de la celebración,  el sacerdote despide a los feligreses en la puerta. Cada uno vuelve a casa, a lo cotidiano, con la ceniza en su frente, en medio de un mundo multicultural y diverso. Llama también la atención ver a personas de entre cuarenta y sesenta años que se acercan con los brazos en aspas para recibir no la comunión sino la bendición. Son catecúmenos que se preparan para los sacramentos de iniciación cristiana en el día de la Pascua. Aquí los procesos y los encuentros – me refiere Fernando- llevan otro ritmo. Es el  ritmo de Jesús, que nos espera cada día haciéndose  el encontradizo en los lugares más insospechados.

 

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