La Pasión olvidada (XX)

08 de marzo 2022 - 08:10

NAZARENO y Marquillo. Desde el Seiscientos la Semana Santa parece sintetizarse en la cuerda que une a Jesús con su sayón, aquél al que el Pueblo muchos años atrás puso nombre, convirtiéndolo en actor destacado de la Pasión jerezana. El carácter representativo de este grupo escultórico explica que exista en el convento de la Merced un conjunto de pequeñas dimensiones pero de idéntico tema iconográfico. Se trata de dos tallas de apreciable calidad que tuvimos la oportunidad de disfrutar hace un año en la exposición que vino a sustituir a las salidas procesionales y se llamó “Cofradías. La huella del tiempo en Jerez”. Allí, en Los Claustros, se situó cerca de la propia escultura del Marquillo, pudiendo establecerse una clara comparación.

El anónimo autor del sayón mercedario no cabe duda de que tuvo muy presente a la popular figura de la cofradía de Jesús Nazareno. De él imita su anacrónica y ecléctica indumentaria, con sus botas, faldellín, coraza y casco emplumado. De él toma el llamativo mostacho que luce su cara caricaturesca o la dinámica composición del cuerpo, copiando la postura y hasta el detalle de las marcadas venas de los brazos que inciden en la violencia del personaje. No puede asegurarse que a la misma gubia se deba la delicada figura de Cristo con la Cruz a cuestas a la que escolta. En este caso, se omite cualquier referencia a la imagen de San Juan de Letrán. Aunque lo lógico es pensar que se concibiera para vestir túnica, el imaginero hizo una obra totalmente acabada en cuanto a la anatomía y policromía de su cuerpo, mostrándolo desnudo cubierto sólo con un sencillo pero elegante sudario.

Estamos ante dos tallas poco conocidas con las que retomamos, una vez más, nuestro repaso anual por la imaginería no procesional. Las próximas semanas nos seguirán deparando más ejemplos pasionistas que desempolvar.

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