Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

Populismo

COMO todos los "ismos", el populismo es una encarnación de la inmoralidad de la naturaleza humana. "Salvadores de la patria": fascismo, nazismo o nacionalismo; o "luchadores" contra la desigualdad: comunismo; todos representan una forma de populismo. Disfrazados con una careta, tan vieja como el hombre, advenedizos sin escrúpulos ni consistencia existencial, se afanan en hacernos creer su propósito de abanderar la lucha contra las miserias que los humanos infligimos a los humanos. Una burda y cruel mentira, un engaño -nada sofisticado- más, una manipulación, vil y repugnante, del ansia legítima por salir del fango en el que se hunden aquellos que padecen el infortunio, sufren discriminación o soportan injusticia.

Tan fácil es decirle a quien te escucha lo que éste quiere oír, como creer que quien esto te dice será siempre mejor que quien te hundió en el desconsuelo. Pero ni uno, ni los otros aciertan. Es sencillo, y productivo, denostar, desde la ausencia de responsabilidad política, a quien manda. Poner en evidencia las carencias, errores, incumplimientos, falacias y atropellos de quien ostenta el poder es una obligación legítima para quien aspira a relevarlo, siempre que sean en pos del beneficio de los ciudadanos, no del propio, sus desvelos por "desfacer aquestos entuertos". Creer, cuando el agua nos llega hasta el cuello, que quien asegura tener la cuerda a la que agarrarnos, la tiene y además nos la va a echar, también es obligado cuando parece no quedar alternativa factible alguna para bajar el nivel -el del agua- al menos hasta por debajo de las ingles, permitiendo que los "arrestos" -llamémosles hoy, que me pilla recoleto, así- que hace tiempo perdimos, puedan volver a respirar.

No es nada complicado para quien, como yo hago, se dedica a opinar en público, criticar la credulidad de los que se agarran al clavo ardiendo que es el populismo pero, ¿hasta qué punto, obviando por un momento la general incultura y la casi total falta de responsabilidad política ciudadana, hasta qué punto -decía- es justo privar de una relativa esperanza a quien nada tiene, a quien todo lo ha perdido, a quien sufre, padece, soporta o sobrelleva como puede la miseria impuesta? No lo sé, en mi opinión, es aquí donde está la clave de la cuestión. Los populistas lo saben, y lo aprovechan, éste es el problema, que ellos, como otros, sólo medran por y para ellos, lo mismo que antes hicieron los que ahora serán reemplazados, cerrando un recurrente círculo vicioso que sólo nos lleva a la "no solución".

Disquisiciones filosóficas al margen, lo absolutamente descorazonador es que pensando que las cosas pudiesen ser como las he descrito, sea tan improbable encontrar ideas y personas que crean en ellas, que las defiendan y practiquen; capaces de romper este bucle endemoniado que, desde que "somos", no nos ha traído más que inseguridad, desgracia, amargura y desesperanza.

A lo largo de nuestra Historia, gentes de probada experiencia, sabiduría y prudencia, han plasmado pensamientos y dejado escritas teorías para tratar de ayudar, a los que luego viniesen, a rectificar, al menos parte de los tremendos y desoladores errores que ellos sufrieron en su tiempo. Pero todo ha sido en vano. Si nos paramos a repasar el interminable catálogo de apabullantes tragedias, desamparos infinitos, inimaginables crueldades, desventuras aterradoras o inhumanas desgracias con las que el hombre se ha dedicado a desollar al hombre, nos daremos cuenta que todo ha sido en vano, que la espiral burlona e hipócrita de nuestros propósitos de enmienda como especie, se vuelve, una y otra, y otra vez, sobre nuestras tenebrosas carencias, las mismas de ayer, las que serán mañana, sin duda.

El recurso de los nuevos salva patrias -iguales a los que fueron y parejos a los que vendrán- a ofrecer "soluciones" basadas en experiencias que ya provocaron contrastadas hecatombes de proporciones estelares; como las de las felizmente extintas Unión Soviética o la Alemania nazi o la Italia de Mussolini, como la Venezuela de Chávez-Maduro -que está por venir, ya mismo asomando-, la Corea de Kim Jong-Un, la de su padre y la de su abuelo, o como la Cuba de Castro; nos deja ver, si queremos verlo, que la soga que tiene el populismo no nos la va a echar a las manos, para que la agarremos y podamos poner nuestras pudendas partes a respirar de nuevo -como antes les decía-, si no que nos la amarrará al pescuezo, bien apretada, con un nudo corredizo untado de la grasa que supura esa maquinaria, hedionda de quimeras y mentira, que tanto les gusta manejar, mientras siguen vendiendo, a precio de mercadillo para crédulos e incautos, "soluciones" corroídas por la hipocresía, la falsedad y el odio, empapadas en el fracaso absoluto desde antes de nacer.

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