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Hay impulsos y comportamientos humanos que se repiten sin cesar, si bien no es infrecuente que se piense que son características inherentes al periodo en el que vivimos o relativamente recientes. Sí es cierto que la repercusión o consecuencias de aquellos pueden ser diferentes debido a los recursos y tecnologías que ahora se poseen. Por ejemplo, lo que en la centuria anterior se denominó globalización, que tantos análisis sesudos produjo, no ha sido un fenómeno del siglo XX. Si se mira hacia atrás no será difícil encontrar precedentes muy lejanos. Sin embargo, existe en muchos -incluidos políticos- una tendencia al adanismo, situando casi todo en las décadas más cercanas o en el hoy más rabioso. Lo mismo podría aplicarse a las mentiras, noticias falseadas -impropiamente popularizadas como fake news- o manipulaciones para destruir a adversarios. Todo esto siempre ha estado ahí, desde épocas muy remotas y, en bastantes ocasiones, ha provocado un gran perjuicio, sin que el tiempo haya puesto las cosas en su sitio. Una buena muestra es la llamada leyenda negra antiespañola, expresión que acuñó Julián Juderías en un libro publicado en 1914, en un intento de rehabilitar la imagen manipulada que se había dado de España históricamente. En esta misma línea, una malagueña, M.ª Elvira Roca Barea, ha escrito un magnífico ensayo sobre imperiofobia y leyenda negra que pone al descubierto los manejos y estrategias sin escrúpulos que se han utilizado para deteriorarnos y denigrarnos. Pero esto no es cosa solo del pasado sino que afecta también al presente. Los clichés, estereotipos y falsas creencias que actualmente tienen en Europa sobre nosotros se nutren de esas inventivas malintencionadas y perversas que se originaron siglos atrás. Es fácilmente detectable a raíz del problema del independentismo catalán. En el marco europeo, con suma facilidad, se dan proclividades a aceptar acusaciones que ponen en entredicho nuestra democracia, la independencia del poder judicial o las garantías de derechos de los ciudadanos, entre otras cosas. Y si no es así a pies juntillas, la idea de que en el fondo algo habrá cuando el río suena. Las actuaciones habidas en Alemania y, no digamos, en Bélgica del asunto citado son reflejo de esa hispanofobia endémica que nos coloca en lo peor de lo peor, encarnación de la maldad, atraso, aprovechamiento y vagancia. Se quiera o no, sufrimos injustamente reveses por algo que surgió mucho antes de que hicieran su aparición Facebook y Twitter.
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