Postrimerías

Salvajes

Lejos de estimular un debate público de calidad, los foros digitales favorecen la difusión de disparates

Nos cuenta un buen amigo que el exquisito editor de Fórcola, Javier Jiménez, ha visto bloqueada en una red social la ventana donde reproducía la página de un diario que daba noticia del libro de poemas de Stefan Zweig, Cuerdas de plata, escrito por el autor en su primera juventud y recientemente rescatado por el sello madrileño. La reseña se acompañaba de una ilustración en la que el dibujante había recreado motivos asociados al gran narrador y ensayista vienés de origen judío, célebre resistente, exiliado y mártir de la dominación nazi: piezas de ajedrez, alusivas a su extraordinaria última nouvelle, acabada en vísperas de su suicidio; libros ardiendo como en las tristísimas ceremonias de exaltación de la barbarie -grabadas a fuego, nunca mejor dicho, en la memoria europea de la infausta era de los totalitarismos- y el ominoso águila de Reich junto al signo de la esvástica, probable motivo de la censura torpe e indiscriminada que vienen ejerciendo los anónimos comisarios de la moral en el ciberespacio. El chusco episodio, más allá del absurdo tragicómico, confirma una vez más que quienes se ocupan de vigilar la corrección de las publicaciones en esos foros no son seres racionales -en un sentido amplio que incluiría al ejército de semianalfabetos genialoides que conforma la élite de las grandes corporaciones transnacionales- sino los famosos algoritmos, incapaces por definición de detectar la ironía, los dobles sentidos o incluso contextos de elemental comprensión como el de la ilustración de la reseña de Zweig. A propósito de lo que llaman "censura vicaria" -en tanto que ejercida por intermediarios que no se hacen responsables de los contenidos, aunque de hecho sean quienes más contribuyen a difundirlos, o bien a impedir que se difundan- y en general del derecho a la información en el nuevo contexto creado por los agregadores, las plataformas y las redes sociales, han escrito buenos conocedores y estudiosos de la materia como nuestro Víctor J. Vázquez, que nos recomienda un libro de su colega el constitucionalista Ignacio Villaverde, Los poderes salvajes, cuyo título expresa bien el juicio que le merecen esas grandes corporaciones a las que los más optimistas o los más desinformados -cada vez menos, ciertamente, pues pocos se engañan hoy respecto a las presuntas bondades del "periodismo ciudadano"- siguen considerando como los artífices de una improbable "utopía libertaria". Lejos de estimular un debate público de calidad, los foros digitales no evitan sino que favorecen la difusión de bulos, disparates y opiniones agresivas o violentas, a la vez que aplican controles arbitrarios o directamente desquiciados.

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