Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, 31 de diciembre de 1946: Argudo, García-Figueras y Montenegro
REPRESENTADO como joven caballero imberbe y algo melancólico, con armadura reluciente y extraordinaria belleza, san Jorge es la versión cristiana del mito de Andrómeda y Perseo. No sabemos si Georgia le da el nombre o es el santo quien se lo da a Georgia, pero de Oriente se extiende por toda la Cristiandad traído por los peregrinos a Jerusalén con anterioridad a las Cruzadas, aunque son los cruzados, al tomarlo como patrono, los que extienden su devoción. Simboliza el caballero cristiano, valiente y virtuoso, que salva de las garras del dragón, símbolo de mal demoníaco, a una joven prisionera, símbolo de la Iglesia y de la virtud. Su figura arraiga de manera particular en Inglaterra y en la Corona de Aragón, donde desplaza a otros santos guerreros como san Miguel e incluso Santiago. Su existencia real es muy dudosa, pero su leyenda de caballero andante es ya indestructible.
A san Jorge se le llama megalomártir, porque un caballero, espejo de caballeros, no podía pasar por un mártir corriente. El número y la crueldad de los suplicios que padeció, según las leyendas, sobrepasa a cualquier otro, y los prodigios, milagros, aventuras y hazañas que llevó a buen fin son más propias de una novela de caballería que de un santo. Pero así era la época. La Iglesia se esforzó por civilizar la caballería y darle un código moral cristiano para suavizar sus excesos. Incluso se pensó hacer un sacramento de ser armado caballero, pero no se llegó a tanto. La Iglesia luchó contra la violencia de los hombres armados, que robaban, secuestraban, violaban y cometían todo tipo de desafueros sin que les pusiera freno nada más que otro caballero más afortunado. Predicó mucho, amonestó, excomulgó y santificó reyes, guerreros y caballeros de fortuna y puso como ejemplo a san Martín, Santiago y san Jorge.
No se ha podido quitar del Martirologio a un santo con tantos devotos, pero se le ha degradado a simple mártir, como muchos otros. Ya en el siglo V se tenían por apócrifas y paganas las andanzas de san Jorge. Por el contrario, la iconografía es espléndida. Recuérdense las elegantes estilizaciones de la pintura gótica o el riquísimo san Jorge de Munich, de oro esmaltado, plata dorada, calcedonia, cristal de roca, diamantes esmeraldas y perlas. Las leyendas son leyendas, pero vivas. En España se celebra mucho su fiesta en Alcoy. Un muchacho en el filo de la edad de la inocencia y de la de perderla, ricamente vestido de soldado romano, recorre las calles de la ciudad, alfombradas de flores, entre el arrobo del pueblo. Todas las miradas están pendientes de Sant Jordiet, mientras vecinos y visitantes arrojan a su paso miles de claveles rojos y blancos. Las leyendas hermosas nunca mueren: son formas distintas de presentar la fe y contar los misterios que el alma humana aún no ha desentrañado.
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