Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, 31 de diciembre de 1946: Argudo, García-Figueras y Montenegro
PENSÉ originalmente titular esta crónica como Hace raya el palacio del virrey Laserna , porque en mi juventud hacer raya significaba lucirse, destacar y lo mismo se podía aplicar a una cordada de yeguas con sus potrillos de la experta mano de un suboficial de la Yeguada, como al coche break enganchado a la quinta potencia, con un capitán por auriga, que a una escuadrilla, con pilotos, en una exhibición de la base de La Parra. Y escribiendo de militares - que aquí fueron muy destacados - el primero que lo fue el general don José de Laserna y Martínez de Hinojosa, primer conde de los Andes, héroe de la Guerra de la Independencia, último virrey del Perú y de España en América, quien moró al final del siglo dieciocho y principios del siglo diecinueve en la hasta hace poco conocida como casa-palacio de Andes.
En la jerezana calle de su título, cuando regresa a su ciudad natal repleto de victorias en América, donde en su última batalla fue traicionado, por liberal, por su lugarteniente, quien también lo era. Su historia detallada se recoge en un precioso libro escrito por uno de sus descendientes que se puede adquirir en la recepción del Palacio del virrey, abierto a visita pública mediante una módica tarifa, reducida para los locales. Visita de una hora de duración - aproximadamente- con la que ampliar cultura u obsequiar a amigos visitantes a nuestra ciudad, pues es guiada con conocimientos y esmero por sus descendientes el marqués de Mortara, joven historiador, o por su hermano Álvaro Moreno.
Los amigos del arte y la historia quedan complacidos de poder admirar su colección pictórica en la que se hayan tablas primitivas, íleos flamencos, cobres franceses y retratos españoles. Así como en las numerosas cerámicas y porcelanas, árabes, Manises, Compañía de la India Inglesa, Sevres, de Japón y claixone de la China. Y en esculturas destacan los bronces, alabastros y tallas en ricas maderas. Como hay magníficas y delicadas piezas de mobiliario de las mejores épocas y estilos y preciosa plata - en uno de los comedores donde mejor se comía en el siglo pasado- no en vano presidia la mesa el primer gastrónomo del reino, Francisco Moreno y Arteaga, antepenúltimo conde de los Andes y Savarín en la prensa española, como crítico gastronómico.
De tradición y convicción monárquica, fue quien entregó personalmente al antepenúltimo jefe del Estado el manifiesto que solicitaba el regreso a España de S. A. R. don Juan de Borbón, por lo que fue deportado a la Isla de la Palma - la Isla Bonita de Canarias- desde donde inició los trámites para - al menos- la educación del Príncipe de Asturias en su patria, lo que logró el Consejo al que perteneció siempre, y lo que tan importante resultó para la Transición en nuestro país.
Por el comedor de Andes, pasaron muchos políticos, conservadores y liberales, del siglo pasado, así como los principales representantes de la cultura: Ortega y Gasset, Marañón, junto con diplomáticos y otros científicos que en él conocieron - y después propagaron- las excelencias del jerez y brandy. Asistí al almuerzo ofrecido a los embajadores Russel y se sirvió un menú preferido en aquellos años por el conde: broshch o sopa rusa de remolacha acompañada por Amontillado Viejo; mientras eligió un burdeos Sauterne blanco para maridar con el pescado que llevaba Vinagre de Yema, una raya a la manteca negra -o mantequilla dorada al fuego- con alcaparras. Tocino de cielo - con su explicación, como no - acompañado de una copita de P.X. Y brandy en el salón de música. El conde hacía, también, patria chica allí donde estuviere. Ahora muestran sus nietos aquella época y propician la celebración de eventos de empresas o sociales entre sus vetustas paredes.
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