En tránsito

Sentimiento religioso

¿Es mejor una sociedad atea o indiferente que una sociedad fuertemente religiosa como la rusa?

Veo en un vídeo a un pope ruso bendiciendo a unos soldados que van a luchar a Ucrania. Después leo que ha disminuido mucho el sentimiento religioso entre los españoles, sobre todo entre los más jóvenes. Según una encuesta, el 63,5% de los jóvenes entre 18 y 24 años no tiene ningún tipo de creencia religiosa. No sé qué fiabilidad tendrá esta encuesta -hay sondeos que parecen fabricados por la bruja Lola-, pero todo lo que conocemos parece indicar que tiene una gran parte de verdad. El otro día, por ejemplo, me extrañó mucho ver a una jugadora de fútbol -del Barcelona, creo- santiguándose cuando saltaba al campo. Y eso que ahora mismo, en pleno comienzo de la Semana Santa, las iglesias están llenas y hay miles de jóvenes visitando capillas y hermandades. Pero quizá ese fervor sea un espejismo. Pasada la Semana Santa, las iglesias volverán a quedarse vacías.

¿Es bueno que haya disminuido el sentimiento religioso? ¿Es mejor una sociedad atea o indiferente que una sociedad fuertemente religiosa como la rusa? En principio, sí, claro. En la cultura rusa está muy arraigado un sentimiento casi místico, y muy difícil de explicar para alguien que no sea ruso, que une la devoción a la Iglesia ortodoxa con el culto místico a la sagrada tierra rusa. Es una especie de simbiosis: la tierra rusa y la fe ortodoxa son la misma cosa. Ese sentimiento está presente en Dostoievski, en Shestov, en Soloviev y en docenas de pensadores más. Y la invasión de Ucrania, por ejemplo, es una consecuencia de este sentimiento irreprimible. Ucrania es territorio sagrado porque es ruso. Y ahora mismo está siendo ocupada por intrusos a los que hay que expulsar como sea. Lo crean o no, este sentimiento funciona así.

En este sentido, bienvenida sea la indiferencia religiosa que reina entre nosotros. Pero no conviene olvidar que el sentimiento religioso -ese anhelo de absoluto que anida en todo ser humano- tiende a reaparecer adoptando otras fórmulas cuando es expulsado de nuestra conciencia. Ciertos movimientos ideológicos contemporáneos -el feminismo más dogmático, la teoría queer, el nacionalismo identitario, etc- no son más que mutaciones colaterales de la vieja religión cristiana que ha sido sustituida por nuevas sectas ideológicas, en muchos casos cien veces más fanáticas que la antigua fe. Freud sabía mucho de eso.

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