El Tribunal Supremo o Tribunal Suprimo (como dice Antonio Rivero Taravillo) no ha andado fino con su fallo [ejem]. Se ha hecho un lío con el impuesto de las hipotecas y ha hipotecado su prestigio. Las cosas como son. Tenía que tomar una decisión y optó (supongo que ajustándose a Derecho, pero con poco margen, demasiado debate mediático, mucho plazo y peores apariencias) por la que favorecía a los bancos frente a los ciudadanos, propiciando la opinión de que la Banca siempre gana.

Hasta ahí, el Supremo. Pero Pedro Sánchez, Líder Súper Supremo, ha estado a la que salta. No ha podido evitar batir el fallo con un refallo, sobrefallo, bifallo o requetefallo. Por tres razones. Al comparecer enseguida para decir que impondrá por ley la decisión justo contraria, transmite la sensación de que lo de los tres poderes está bien en teoría, pero que el que manda es él. ¿No nos queda la sensación en el cuerpo (cortado) de que, si el Supremo falla algo que no gusta al Líder Súper Supremo, éste no tardará ni 24 h. en sacar sus súper decretos?

Después, porque ha tomado la decisión a bote pronto ("legislar en caliente", lo llamaban) sin sopesar mecanismos para evitar que los bancos trasladen el impuesto a sus clientes. Preguntado, ha dicho que apelará a la buena voluntad de los bancos [sic]. Éstos podrían contestar que es justo que paguen los clientes porque son los que votan a los gobiernos que les ponen esos impuestos.

Esas dos, en general. En particular, teniendo el Supremo sobre la mesa la cuestión catalanista, un desmentido en toda regla del presidente al Tribunal en pleno corroe su autoridad, quizá maquiavélicamente, en el momento en que más la necesita. Echándole el clamor de la opinión pública a la cara.

Lo que más escama es que Pedro Sánchez tenía una solución sencilla y perfecta para quedar bien (todavía mejor) con la gente y sin efectos secundarios y, encima, salvaguardando el prestigio del Tribunal. Podía haber dicho: quitamos el impuesto.

Ahora no sé si no lo ha dicho porque 1) no lo ha pensado, que puede ser, perfectamente. O 2) porque los dineros que alimentan a la administración, como es el caso, son sagrados, y no se tocan, como Rajoy, que recortó de todas partes menos de las Administraciones Públicas. O, poniéndonos, en lo peor, 3) porque ha aprovechado la ocasión para socavar al Supremo. ¿Que por cuál me decanto yo? ¿La verdad? Por una confusa mezcla de las tres.

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