Relato María Von Campo

Angeles / Bueno / Trujillo

La Tienta

EL sol rabiaba alto y en la plaza, una pequeña luna de sombra. El picador mostraba su puya con orgullo y chillaba a la vaquilla rudamente.

- ¡Hey vaca… vamos que hey, vaca!- resonaba una y otra vez, sin parar, rebotando en los burladeros del redondel. La vaquilla no se arrancaba a la suerte del caballo.

Quieta, como la que escucha, permanecía en una espera interminable para el hombretón que parecía sacado de una estampa épica.

De la única sombra de la plaza salió el torerito de junco y ajustándose hasta los sobacos el pantalón de uralita, abrió el capote y su imagen alegró un instante el quieto y pesado ambiente de la tarde.

Una vez pasó… dos, no llegó a tres… y la vaquilla quedó dispuesta a entregarse al rudo picador que chillaba, giraba, y se ponía de pie en los estribos, ante la vaca quieta y ensimismada que no acudió al envite.

- Mamá, me concentré y me concentré, y la vaquilla me ha hecho caso y no le han herido con la pica- dijo la niña al volver a su casa.

- Mañana será filetes, hija mía.

Fue la primera copa de vino que tomó la niña.

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