Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

Impotencia

Contraluz ante uno delos leones del Congreso. Contraluz ante uno delos leones del Congreso.

Contraluz ante uno delos leones del Congreso. / Juan Carlos Hidalgo/EFE

La define el diccionario como: “Falta de fuerza, poder o competencia para realizar una cosa, hacer que suceda u oponerle resistencia”. Y, sí, esta es una de las acepciones de “impotencia”. Lo que no se puede leer -porque no es su cometido- en el libro sabio que nos enseña significados, conceptos y sentidos, es sobre las consecuencias terribles que este estado de ánimo, forzado por circunstancias ajenas a nuestra voluntad o por desalmados prepotentes alicatados en el poder, provoca en nuestra actitud vital:

Incapacidad… para cambiar situaciones injustas, para echar a los responsables de las cosas mal hechas, para exigir responsabilidades por errores evitables, para reclamar a quien debe y castigar a quién miente: ¡mezquinos!

Ineficacia… de los que incumplen sus promesas, posponen lo que debiera primar, eluden confrontar sobre lo que tendrían que responder: ¡mediocres!

Imposibilidad… de ser escuchado, de sentirte tenido en cuenta o de ser atendido, de tener acceso a las herramientas que te permitan alterar el rumbo de una nave -que te lleva- que navega directa al naufragio; sin capitán que la ordene ni timonel que la conduzca.

Insuficiencia… de medios para correr de sus puestos a quienes los utilizan, sólo, en propio beneficio, para desenmascarar a los “profetas” de la nada, para colocar en el lugar que les corresponde a la turba de fantoches que predican lo que no hacen, que ordenan lo que no cumplen, que presumen de lo que carecen: ¡mentecatos!

Desaliento… al comprobar la miseria de la condición humana, al constatar las bajezas de los que se colaron en las alturas, al sentir la mezquindad de quien, por libre elección, tendría que ejemplarizar.

Incompetencia… de quienes tendrían que trabajar para ganarse un sueldo… que ahora roban, de palmeros, estériles y babosos, dedicados ladrar verdades y acunar engaños, todo por las migajas que caen de las mesas de sus amos, ¡miserables unos!, ¡miserables, más, los otros!

Carencia… de lo esencial para mantener la esperanza y recuperar la alegría: negación de valores, ausencia de principios: ¡repugnantes!

Indiferencia… de los unos: políticos indecentes atrincherados en su olimpo particular, hacia los otros: ciudadanos menospreciados, exprimidos y vapuleados.

Nulidad… de los que nos exigen lo que ignoran: fidelidad; de quien reclama, sin cumplir, lo que no debe a quien si ha cumplido: ¡indecentes!

Decaimiento… al ver cómo se despellejan por hacer lo imposible para cambiar lo que haga falta… para que no cambie nada: ¡corruptos!

Ineptitud… premiada por ineptos, para que sigan siendo ineptos los que decidan sobre qué es la ineptitud: ¡estúpidos!

Cortedad… de miras y de aliento, de posibles y realidades; cortedad de ambición sana, también de dignidad; ausencia de miras amplias, de generosidad en el espíritu, de magnanimidad en la actitud; cortos en la inteligencia que importa, astutos en la trampa o el apaño; secos de moral, ahítos de una frivolidad que insulta, que agrede a los que sufren, que ataca a los que se ven privados de lo elemental: ¡despreciables!

Desfallecimiento… ante tanta mediocridad, falta de fuerzas ante lo que intenta imponerse como inevitable, hastío vital ante la insultante prepotencia del cinismo más tóxico que imaginarse pueda: ¡prepotentes!

Inercia… a la que intentan encadenarnos, privar el ánimo, atosigar la iniciativa, conculcar derechos establecidos como fundamentales: ¡fascistas!

Decrepitud… encarnada en la decadencia de la generosidad, personalizada en la burla cruel y cotidiana a la confianza de las gentes: ¡inmundicia!

Esterilidad… de los que se encaramaron en las cimas de un poder creado para servir, usado para someter; inventado para avanzar, manipulado para acaparar: ¡bicharracos!

Invalidez… la de las voluntades corruptas con objetivos espurios, la de intereses malsanos, la de metas egoístas y de medias verdades dogmatizadas, la de bajezas sin fin y miserias sin límite: ¡sabandijas!

Debilidad… de los que cambiaron el deber por el tener, de los que vendieron su conciencia por un plato de lentejas, de los que traicionaron las vidas de aquellos que las empeñaron en el intento por mejorarlas: ¡alimañas!

Insensibilidad… a los desgarros de los que son responsables, al dolor que causan y las penas que infringen, a las patadas que nos dieron, los futuros que quebraron y las vidas que truncaron: ¡traidores!

Frialdad… ante la desfachatez de su grosería, la desvergüenza de sus manejos, la tosquedad de sus pretendidos argumentos: ¡embusteros!

Desánimo… tras tantos empeños por un cambio, por recursos desperdiciados y compromisos no asumidos, por engaños encadenados y por tanto tiempo de lucha ahora apuñalado: ¡basura!

Desesperanza… en la condición humana, por la realidad de tantas voluntades prostituidas, de tantos embaucadores ensalzados y de tanta mierda enaltecida, de tanta mentira consagrada, de tanta alabada hipocresía…: ¡bazofia!

Y abandono… habéis querido olvidar, y habéis sido capaces de hacerlo, de dónde venís y quienes sois; por y para que estáis donde estáis, a quién debéis dedicar vuestro esfuerzo, cuáles eran las consignas, cuales los fines y cuales, también, los ideales. Nos mentís y nos despreciáis, nos manipuláis y nos usáis, os aprovecháis y nos despojáis, nos machacáis, nos asfixiáis, nos chupáis la sangre y nos destruís: ¡escoria!

¿Saben que hice? Empecé a escribir poniendo título al artículo: “Impotencia”. Lo tecleé mal, pulsé el botón derecho del ratón, para corregir, luego presioné, pero lo hice en una opción equivocada: “sinónimos”. De inmediato, en la parte derecha de la pantalla, se abrió una “ventana” con toda una lista de ellos, más o menos próximos: incapacidad, ineficacia, imposibilidad, insuficiencia, desaliento, incompetencia, carencia, indiferencia, nulidad, decaimiento, ineptitud, cortedad, desfallecimiento, inercia, decrepitud, esterilidad, invalidez, debilidad, insensibilidad, frialdad, desánimo, desesperanza y abandono. Me dije: ¿encontraré “apellidos” suficientes para calificar cada uno de ellos…?

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