Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Y la Atalaya registró un lleno hasta la bandera a favor de Uniper
HOY, Día Internacional para la Tolerancia, toleraremos un año más el mal uso de "tolerancia", hermana y compañera de error de "solidaridad". Forman las dióscuras del lenguaje correcto, sin que la mayoría se pare a averiguar lo que significan realmente. Del verdadero sentido de la solidaridad ya hemos escrito en repetidas ocasiones, pero no tanto del de tolerar. Las palabras fetiches generan a su vez otras expresiones extrañas, cuando no ridículas: para desterrar "intolerancia" se ha inventado la "tolerancia cero", que significa lo mismo que intolerancia pero sin nombrarla. "Tolerar" quiere decir soportar con paciencia; consentir, sin aprobarlo, algo que no nos parece bueno. Y la tolerancia, entre otros significados, se refiere a la aceptación de mala gana de opiniones y costumbres ajenas a las nuestras, aunque nos parezcan dignas de desprecio. En la jerga política "tolerar" quiere decir que todo vale y es respetable.
Bien, podríamos aceptar esa acepción sólo para los discursos políticos cargados de demagogia, si se explicara que todo puede ser respetable, una mentira, si se quiere, piadosa; pero que hay, y siempre habrá, unos pensamientos, unas costumbres y unas formas de entender la vida más respetables que otras. Porque si todo fuera tolerable, no se habría inventado la estupidez lingüística y mental de la tolerancia cero, luego hay, y debe haber, intolerancia. La primera intolerancia que deben tener las personas decentes es hacia los intolerantes: el talibán que echa ácido en la cara de unas niñas afganas que van al colegio, aparándose en la idea de que las mujeres musulmanas virtuosas no deben recibir educación fuera de la casa de su padre, de soltera, y de su marido, de casada, es una costumbre respetable en Afganistán, pero nosotros no tenemos por qué respetarla ni tolerarla. Lo mismo corresponde decir del padre musulmán que mata a su hija por casarse, en Suecia, sin su consentimiento.
El día de la tolerancia debería ser también el de la intolerancia, no el de la tolerancia cero, que es expresión tan imbécil como decir "lluvia cero" para designar a la sequía. Nadie medianamente cultivado debe seguirle el juego a este lenguaje incomprensible y manipulador. Esta semana he leído varios libros sobre mitología clásica, entre ellos Mitología del cielo, de Eratóstenes de Cirene, sobre los catasterismos, transformación en estrellas como premio de algún mérito. ¿Cómo ser tolerantes con lo intolerable? No existiría nada, ni la especie humana. Ni las constelaciones. Nada.
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