Enrique Gª-Máiquez

Trece de la Fama

Su propio afán

La llamada al voto del miedo puede ser contraproducente, al menos entre los que se consideran valerosos

12 de marzo 2019 - 01:42

Hubo un momento en el juicio a Tomás Moro en el que, en vez de argumentos, quisieron meterle miedo con los martirios que le acarrearía no decir que todo lo que hacía Enrique VIII era lo más maravilloso. Les cortó en seco: "Asustad con cocos a los niños, no a personas mayores". Cada vez que escucho lo del miedo como razón para votar, recuerdo al decapitado canciller inglés.

Si yo fuese Casado, no estaría contento de que mi máximo atractivo fuese el pavor a Sánchez. Ya he escrito dos artículos sobre el voto del miedo: uno con razonamientos sobre principios, porque, entre creer que se puede desmantelar la ingeniería social sanchozapateril y no creerlo, hay una solución de continuidad; y otro pragmático, con cálculos según circunscripciones.

Pero algo tendrá el tres cuando lo bendicen, y parece que no hay tema de rabiosa actualidad del que yo no acabe escribiendo una trilogía. Para no volver a hablarles más del miedo, quizá resulte mejor hacer una raya que un punto final. Como la de Francisco Pizarro en la isla del Gallo. Harto de dudas y murmuraciones entre sus hombres, la trazó en el suelo y animó a cruzarla a los animosos. Los otros podían volverse buenamente a Panamá. Pasaron apenas trece…, con los que conquistó Perú. A un partido de una retórica tan imperial como Vox le pega un gesto así. Y a mí, aunque más tímido, también: porque, si no me gusta que me empujen a votar mentándome miedos, tampoco es elegante ir señalando el que tienen o meten a los demás.

Pongamos que la táctica del susto tuviera éxito (según notó Solzhenitsyn, la falta de valor es una de las plagas de Occidente) e imaginemos que Vox sólo consiguiese trece diputados (por hacerle un guiño a la isla del Gallo). Ya se habría roto, en cualquier caso, la distorsión representativa de la democracia española, que se ha pasado decenios sin un partido de derechas en el hemiciclo. Pensando con el corazón, trece -aunque son muchos menos de los que dan las encuestas- sería una gran conquista para una parte de la sociedad que ha estado silenciada, cuando no burlada. Además, en el juego parlamentario, trece, si negocian duro, la lían. Recuerden lo que ha hecho con España el PNV con muchos menos. Que eso lo logren sólo los valientes sería, además, una garantía para Vox. Los que sientan miedo antes, lo van a sentir después. Pizarro lo sabía: hizo la raya por eso, estratégicamente. No pensaba sólo con el corazón.

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