Alfonso Guerra ha asistido a un almuerzo con políticos de la Transición, del PSOE y UCD, y ha dicho lo que piensa, como ha hecho siempre. Ha soltado verdades como puños: que este Gobierno promueve la lucha de sexos en lugar de lucha de clases, que la Constitución es el éxito más grandes de los demócratas españoles, que se conceden privilegios a quienes pretenden destruir la democracia y que si el PSOE ha cambiado a lo largo de la historia, siempre se ha mantenido dentro de unos límites, que ahora se han superado.

La reunión con Guerra se celebró apenas un par de días antes de que se conocieran dos noticias muy preocupantes que avalan su inquietud respecto a cómo gestiona el poder el Gobierno de Pedro Sánchez. Una, el regreso a España de la independentista Clara Ponsatí, que se ha beneficiado de la reforma del código penal que anula el delito de sedición y rebaja el de malversación. Ponsatí -algunos consideran que es la avanzadilla de Puigdemont, que actuará en función de cómo la ha tratado la Justicia en España- ha estado detenida durante unas horas y puesta en libertad para que viajara a Bruselas para ejercer su labor como eurodiputada.

Segunda noticia, que es de escándalo: el Supremo ha dado la razón al coronel de la Guardia Civil Pérez de los Cobos, cesado por Marlaska de forma fulminante por negarse a trasladar al Gobierno información sobre la investigación sobre la relación entre la manifestación del 8-M de 2020 y la expansión del Covid.

El coronel se negó a ofrecer esa información porque habría incurrido en delito, solo se puede facilitar al juez que encargó la investigación. Pero Marlaska, juez -lo que tiene más pecado- lo destituyó de inmediato. El Supremo recoge en su auto que la policía judicial solo informa al juez investigador, y además ha condenado al gobierno a restituir a Pérez de los Cobos a su puesto, además de entregarle el salario de los tres años transcurridos desde su cese.

Marlaska se ha convertido en un patético juguete roto, abducido por el presidente Sánchez. No es el único. La inclinación de Sánchez a elegir como socios a los más detestables, por su falta de respeto a la Constitución, ha dejado en entredicho la trayectoria de muchos de quienes le apoyan incondicionalmente. Entre ellos, Marlaska ha sido el que más ha decepcionado, porque se le tenía por un juez heroico, inmune a las presiones internas y externas. Sin embargo, entre otras decisiones inaceptables, cesó a un jefe de la Guardia Civil por cumplir con su deber.

¿Reacción del Gobierno? Que se busque la fórmula que impida que el coronel sea restituido a su puesto o pueda acceder al rango de general. Reacción "ejemplar".

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