Weimar, república y arquitectura

16 de julio 2014 - 01:00

WEIMAR no es que esté lejos, está lo siguiente. Es una ciudad situada en el centro de Alemania, muy cerca ya de Polonia y también de Praga. Viajar a Weimar tiene interés porque allí existió la escuela de arquitectura más famosa del universo conocido: la Bauhaus, fundada en 1919 por el arquitecto alemán Walter Gropius. La Bauhaus fue una escuela de vanguardia en la que se integraba la enseñanza de la arquitectura junto con las artes y el diseño gráfico. Fueron sus profesores artistas como Paul Klee, Kandinsky o Moholi-Nagy y arquitectos de altísimo nivel: Hannes Meyer o Theo Van Doesburg. Su último director antes de que fuera cerrada en 1933 fue Mies Van der Rohe. Para entonces la escuela había sido trasladada, primero a Dessau y más tarde a Berlín, alejándose cada vez más de la presión nazi. En el mismo año que la Bauhaus, una vez terminada la Primera Guerra, fue creada la República de Weimar, llamada así por el nombre de la ciudad en la que se reunió la asamblea nacional constituyente y se proclamó la nueva constitución. En 1933 la República de Weimar muere con el triunfo de Adolf Hitler y las reformas que la convirtieron en el conocido y desdichado para la humanidad Tercer Reich.

Tras la debacle nacionalsocialista, el conjunto de edificios de la antigua Bauhaus, la escuela de arte, la escuela de artes decorativas y la casa 'am Horn' (una de las más hermosas obras de arquitectura en estilo Jugendstil, equivalente en Alemania al Art Decó) fueron recuperados y convertidos en la sede de una Escuela de Arquitectura que se integró en el sistema universitario alemán que, aunque conservando su antiguo nombre, nunca volvió a ser como aquella aventura de vanguardia iniciada en los años veinte. Los edificios históricos construidos por el arquitecto Henry Van de Velde continúan en la actualidad en funcionamiento, y todavía pueden verse los dibujos originales de los inicios, realizados en sus paredes por los artistas/profesores.

Pero Weimar es más cosas que la Bauhaus. Es la ciudad donde nacieron algunos de los más importantes poetas alemanes como Goethe o Schiller. También vivieron en esta ciudad Wagner, Listz o Herder, discípulo de Lutero, que predicaba en la Iglesia de San Pedro y San Pablo en el centro del casco antiguo. El edificio es una construcción austera, propia del culto defendido por la iglesia escindida de Roma. Su principal tesoro es el retablo que fue iniciado por Lucas Cranach el viejo, en su último año de vida y que fue terminado por su hijo.

Quizás el acontecimiento histórico más importante para Weimar fue la creación de la Biblioteca de la Duquesa Anna Amalia. En el palacio de Wittum, la duquesa reunía a miembros de la corte interesados en la literatura, el arte y la ciencia con poetas, artistas y letrados de la región. A estos encuentros llegaban numerosas visitas de cerca y de lejos para socializar, intercambiar pensamientos y realizar actividades artísticas. El palacio Verde construido en 1570 alberga parte de la biblioteca de Anna Amalia, que con el tiempo se convertiría en una de las primeras bibliotecas públicas. Esta biblioteca fue añadiendo edificios a lo largo de la historia para albergar su inmensa cantidad de libros. Ha sido recientemente ampliada con un bello edificio contemporáneo y con un sótano bajo la vía pública que unifica el conjunto, todo ello realizado por el arquitecto Karl Heinz Schmitz, profesor de la actual Bauhaus.

Cerca de la Biblioteca de Anna Amalia se encuentra la ACC Galerie que es un pequeño restaurante bajo una galería de arte. Sus paredes están decoradas con preciosos y barrocos dibujos. Tiene también una biblioteca donde hojear libros y revistas relacionadas con el arte y las exposiciones de la galería. También tiene unas pocas habitaciones donde hospedarse. Se trata de un lugar con de los que se conocen como "con encanto", en este caso, con verdadero encanto.

Otro de los lugares que el visitante no puede dejar de recorrer es el Park an der Ilm. El parque está construido a lo largo de las riberas del río Ilm que pasa por la ciudad. Durante el siglo XIX, siguiendo las ideas reinantes en Europa, se consolidó como el parque más importante de la ciudad, aunque algunos lo cuentan al revés: "Weimar es un parque con una ciudad dentro". A diferencia de los parques barrocos, este fue diseñado potenciando el desorden aparente, las "ruinas" y las vistas recoletas, con la intención de recrear la naturaleza en su estado más auténtico. En el parque se puede visitar un cementerio para los ciudadanos de la URSS, acotado por una preciosa cancela con estrella roja incluida (no olvidar que Weimar "cayó" del lado oriental de la división de Alemania). En su interior se pueden admirar los sencillos monolitos de los enterramientos dispuestos geométricamente en torno a un monumento central. Siguiendo el recorrido por el parque se encontrará una reproducción de una casa romana, construida a petición de Goethe tras un viaje que éste realizó a Italia, o el lugar romántico denominado "el ojo de la aguja", en torno al cual se tejen numerosas historias amorosas. También puede visitarse la casa de verano que los duques construyeron para Goethe.

La cena es la hora feliz en la ciudad. Puede elegir entre una cena desenfadada en Louisse Gasthaus, donde también se puede dormir, o una cena formal en un precioso lugar como el Charlotte, cerca de la Universidad, en una delicada callecita peatonal. En el primero puede degustar una deliciosa Bratwurst con sauerkrat (ensalada de col cocida, parecida al chucrutt) y patatas cocidas con bacon y cebolla. De entrante son muy recomendables las patatas fritas al bastón con mahonesa y ketchup, plato delicioso y que no tiene nada que ver con lo que se puede encontrar en un restaurante de comida rápida. Todo ello acompañado de una buena cerveza alemana como la deliciosa Agustinerbrau Manchen. En Charlotte la cena es más formal. La carta es pequeña paro sugerente, como por ejemplo, ensalada Rapulzen de canónigos y bacon a la plancha y poularda con puerros y calabaza, o sopa de ostras a la naranja. Para el postre se recomienda probar la mouse de chocolate con láminas de hojaldre y frutos secos. Todo ello acompañado por un delicioso vino blanco del Rhin. Otro lugar interesante es el restaurante Divan, en la planta baja del Hotel Am Fraulenplan. Allí encontrará comida inspirada en la tradición culinaria turca. Posee una extensa carta de delicias turcas entre las que destaca el típico Kebab, Kebap en alemán.

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