Lo abigarrado

Una sociedad tan mediática, acelerada e ideologizada obvia los matices de las ideas y la complejidad de las cosas

Decíamos ayer que la evidente genialidad de El Selu, en lo que concierne a la politología, estriba, esta vez, en habernos hecho ver en la baldosa de un chiste las virtudes y los peligros de la democracia, sin haber perdido la gracia ni el equilibrio con el giro. Soy muy sensible a las maravillas de la complejidad.

Otro ejemplo que me ha asaltado estos días es Farenheit 451, la estupenda novela de Ray Bradbury. Nos avisa de los espantos de un mundo sin libros donde priman las pantallas. Más actualidad, imposible. La mujer del protagonista está enganchada a un programa donde sale 'La Familia'. La aliena de sus relaciones reales. Sin embargo, a la vez que leía, estoy viendo la serie This is us, que va, precisamente, de una familia. Y es todo lo contrario a una serie alienante, porque defiende valores y sentimientos que es muy fácil volcar después sobre tus propias relaciones, mejorándolas. Mi entusiasmo por Farenheit 451 y por This is us se diría minuciosamente contradictorio, pero son complementarios, gracias a la complejidad, que exige reflexión caso a caso, criterio y flexibilidad. Para remate y regodeo, Farenheit 451 dio lugar a una espléndida película de Truffaut: la obra contra las pantallas se disfruta… en las pantallas.

Una frase, atribuida a los más sabios, o Tomás de Aquino o Agustín de Hipona, advierte: "Hominem unius libri timeo", esto es, "Temo al hombre de un único libro". Viene como anillo al dedo porque quien se empeña en ver con la simplicidad de un solo libro, una idea, un sistema, una ideología o un tic termina cortándolo todo por las puntas para que le encaje en su lecho.

A cambio, nos recitamos poco los versos de Hopkins agradeciendo a Dios las cosas abigarradas, de dispares colores, los cielos como vacas moteadas, las manchas de rosa de las truchas esquivas, el paisaje troceado en apriscos, barbechos y siembras, lo variable, lo atigrado, lo que es rápido y lento, dulce y amargo, claro y oscuro… Así reza la traducción de Carlos Pujol. Miguel d'Ors habla en su versión de "todas las cosas opuestas, originales, superfluas, raras"; y Ángel Martínez de "Todo lo que es a sí mismo contrario […], voltario, vario". También las traducciones son complejas y bizarras, haciendo honor a su tema.

La inteligencia vive en los intersticios, la alegría se regocija en la libertad, el humor nace de las paradojas y Dios nos ha dado un mundo que da vueltas y vueltas.

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