El balcón

Por amor al arte

Debe ser un caso único que los ciudadanos salgan a la calle para pedir ¡un museo! En Málaga lo hicieron tres veces

El lunes se inaugura un nuevo museo en Málaga. El suyo. Ese día se cumplen 19 años de la primera de las grandes manifestaciones que reclamaron el Palacio de la Aduana como sede del Museo provincial de Bellas Artes y Arqueológico. En aquella ocasión el portavoz de los congregados, el escritor Manuel Alcántara, dijo con sabio y agudo sentido del humor que estaban allí para pedir "cívicamente y urgentemente, lo suyo". Y en la segunda manifestación, en 2001, continuó en el mismo tono: "¡estamos aquí por amor al arte!", jugando con el doble sentido de desinterés y aprecio por la cultura.

Debe de ser un caso único que miles de ciudadanos salgan a la calle para reclamar un museo. En Málaga se repitió el fenómeno tres veces. El Museo de Bellas Artes de Málaga tuvo que desalojar su ubicación en 1996 para dejar sitio al que sería Museo Picasso. Y los cuadros de su colección acabaron desperdigados en almacenes durante 20 años. Lo insólito del caso es que medio centenar de organizaciones reclamaron el antiguo Gobierno Civil como nuevo espacio para juntar el museo de arte y la colección de arqueología, que también hubo de abandonar su emplazamiento.

Pero el Gobierno Aznar no estuvo por la labor; el Palacio de la Aduana de principios del XIX, era el símbolo del Estado por excelencia y varios ministros de Administraciones Públicas repitieron a lo largo de los años su negativa. Rajoy, Acebes y Posadas se cerraron en banda. En 2003, con Arenas de ministro, hubo la decisión salomónica de repartir el edificio mitad para museo, mitad para la Administración. Y sólo en 2005, con el Gobierno Zapatero, una permuta con la Junta, permitió el acuerdo.

La urticaria que Aznar, Rajoy y compañía sufrían ante la demanda ciudadana del antiguo gobierno civil recuerda el sofoco que sintió Eduard Balladur cuando en 1986 lo nombraron ministro de Economía y Hacienda y se encontró que su Ministerio acaba de abandonar el ala norte del Louvre para que en las antiguas estancias de Napoleón III que daban a la Rue Rivoli se ampliara el museo. Balladur hizo reconstruir los despachos de su gabinete y durante los dos años se atrincheró en su palacio particular.

El Louvre es más símbolo de la grandeur francesa que un ministerio cualquiera. Y el Museo de la Aduana será más emblema de España, Andalucía y Málaga que una subdelegación gubernamental. La inversión de 40 millones se ha realizado durante la crisis. Cabe pensar que nadie se atrevió a paralizar la obra por temor a la presión ciudadana. Es lo que puede el amor al arte.

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